Devocional diario · 11 de noviembre
El ayuno que Dios escoge
“¡Eso no es ayuno! El ayuno que a mí me agrada es que dejen de oprimir a quienes trabajan para ustedes y liberen a los que están esclavizados y que ¡acaben con toda injusticia! Ayuno es que compartan su alimento con los hambrientos y que alberguen en sus hogares a los indefensos y menesterosos, que vistan a los que padecen frío y ayuden a todo aquel que necesite de su auxilio. Los que practican esta clase de ayuno brillarán como la luz de la aurora, y el Señor sanará todas sus heridas. Además, la justicia será su guía y la gloria del Señor será su protección a sus espaldas. Cuando me invoquen, yo les responderé. Si gritan pidiendo ayuda, yo les diré: «¡Sí, aquí estoy!». Si ustedes hacen desaparecer la opresión, si dejan de acusar a los demás y de levantar calumnias, si dan de comer al hambriento y ayudan a los que sufren, entonces su luz brillará entre las tinieblas, y su noche será como luminoso día. Yo, el Señor, los guiaré de continuo, y les daré de comer en el desierto y siempre tendrán fuerzas. Serán como huerto bien regado, como manantial que fluye sin cesar.”
En tiempos de Isaías el pueblo era cuidadoso con sus rutinas religiosas, pero pasaba por alto a quienes tenía alrededor. Dios responde que la devoción que Él desea consiste en liberar a los oprimidos, compartir el pan con el hambriento y acoger a quien no tiene hogar. La promesa que sigue es generosa: la luz irrumpe, la sanidad llega pronto y Él responde cuando lo llamamos. Adoración y justicia no son rivales; van juntas. Es fácil mantener nuestra fe privada y cómoda mientras un vecino sufre a unas puertas de distancia. Hoy pide a Dios que te muestre a una persona cercana que lleva una carga. Luego haz algo práctico por ella: llévale comida, ofrécele transporte, envíale un mensaje de ánimo o simplemente escúchala sin prisa. Deja que tu devoción tome la forma del alivio de otro y observa cómo tu propio espíritu se renueva.
Oración
Señor, abre mis ojos a la persona a quien quieres que sirva hoy. Haz mi fe práctica y compasiva. Amén.

