Devocional diario · 14 de mayo
Una fe que se hereda
“¿Cómo he de olvidar la sinceridad de tu fe, que es como la que animó a tu madre Eunice y a tu abuela Loida? Estoy seguro de que es así. Por eso te aconsejo que avives la llama del don que Dios te dio cuando puse las manos sobre ti. El Espíritu que es don de Dios, no quiere que temamos a la gente, sino que tengamos fortaleza, amor y dominio propio.”
Pablo recuerda la fe sincera de Timoteo y rastrea sus raíces: vivió primero en su abuela Loida y en su madre Eunice. La fe rara vez aparece de la nada; normalmente alguien oró, alguien contó las historias, alguien la vivió en la mesa de la cocina. Luego Pablo anima a Timoteo a avivar el don de Dios que hay en él, recordándole que Dios no nos dio un espíritu de temor, sino de poder, amor y dominio propio. Timoteo parece haber sido tímido, y Pablo no lo avergüenza; le recuerda lo que ha recibido. Vengas o no de un hogar creyente, puedes ser el primer eslabón de una cadena. Hoy da gracias a alguien que formó tu fe, o escribe una nota de bendición a una persona más joven. Y pídele a Dios que avive el don que has descuidado.
Oración
Señor, gracias por quienes me transmitieron la fe. Aviva el don que me has dado y úsame para la próxima generación.

