Devocional diario · 15 de noviembre
Que la paz sea el árbitro
“Que la paz de Dios reine en sus corazones, porque ese es su deber como miembros del cuerpo de Cristo. Y sean agradecidos. Mantengan vívidas en su memoria las enseñanzas de Cristo en toda su abundancia, y enséñense y aconséjense unos a otros con toda sabiduría. Transmítanlas a otros, con salmos, himnos y cánticos espirituales elevados al Señor con corazones agradecidos. Y todo lo que hagan o digan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, y por medio de él acérquense a la presencia de Dios con acción de gracias.”
Pablo da a los colosenses tres instrucciones breves que encajan entre sí. Primero, que la paz de Cristo gobierne en sus corazones, como un árbitro que resuelve las disputas internas. Segundo, que el mensaje de Cristo habite con riqueza entre ellos mediante la enseñanza, el canto y la gratitud. Tercero, que todo lo que hagan, de palabra o de obra, lo hagan en el nombre de Jesús, dando gracias al Padre. Fíjate en cuántas veces aparece la gratitud. No es un extra; está tejida en la manera en que escuchamos, hablamos y trabajamos. Es un pasaje precioso para la semana previa a una temporada de reuniones, cuando las tensiones familiares y las agendas llenas pueden ahogar la paz. Hoy, antes de una conversación o tarea importante, haz una pausa y ora con una sola frase pidiendo que la paz de Cristo la guíe. Al terminar el día, anota tres cosas que hiciste o recibiste y por las que puedas dar gracias al Padre.
Oración
Cristo, que tu paz resuelva hoy las disputas de mi corazón. Llena mis palabras y mi trabajo de gratitud. Amén.

