Devocional diario · 17 de octubre
El padre que corre
“Jesús continuó y les dijo:«Un hombre tenía dos hijos. Un día, el menor le dijo a su padre: “Papá, dame la parte que me toca de la herencia”. Entonces el padre repartió sus bienes entre los dos. A los pocos días, el hijo menor juntó todo lo que tenía y se fue lejos, a otro país. Allí vivió desordenadamente y desperdició su herencia. Cuando ya lo había gastado todo, la comida empezó a faltar en ese país, y él comenzó a pasar hambre. Entonces fue y consiguió trabajo con un ciudadano del lugar, que lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía tanta hambre, que le daban ganas de llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos; pero nadie se la daba. Un día, se puso a pensar: “En la casa de mi padre, los jornaleros tienen comida en abundancia, y yo aquí me estoy muriendo de hambre. Volveré a casa y le diré a mi padre: Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que digan que soy tu hijo. Trátame como a uno de tus jornaleros”. Así que viajó de regreso a la casa de su padre.»Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión por él; salió corriendo a encontrarlo, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: “Papá, he pecado contra el cielo y contra ti y ya no merezco que digan que soy tu hijo”. Pero el padre ordenó a sus sirvientes: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa y vístanlo; pónganle un anillo en su dedo y sandalias en sus pies. Y que maten el becerro más gordo para hacer fiesta, porque este hijo mío estaba muerto pero ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado”. Y comenzaron la fiesta.”
El hijo menor tomó su herencia, la malgastó y volvió ensayando una disculpa. Lo que sorprende al oyente es el padre: lo ve desde lejos, corre, lo abraza e interrumpe el discurso con una fiesta. Jesús está describiendo a Dios. El padre había estado vigilando el camino. El hijo no necesitó ganarse el regreso con palabras perfectas; su regreso bastó. Muchos se alejan de Dios porque creen que primero deben arreglarse. La historia lo invierte. Hoy, si cargas un fracaso que crees que te dejó fuera de alcance, vuélvete hacia casa en oración, aunque sea breve y torpe. Y si alguien en tu vida se ha alejado, pregúntate si estás dispuesto a ser quien corre hacia esa persona en lugar de cruzarse de brazos.
Oración
Padre, vuelvo a casa contigo. Gracias por recibirme con los brazos abiertos. Amén.

