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Devocional diario · 17 de septiembre

Alegrarse cuando falla la cosecha

“»Aun después de tanta destrucción; cuando la higuera se seque y no haya flores ni fruto; cuando los olivos no produzcan y los campos permanezcan estériles; cuando el ganado muera en el campo y los corrales estén sin vacas, yo me regocijaré en el Señor y me alegraré en el Dios que nos salva. ¡El Señor Dios es quien me hace estar fuerte! Me dará la velocidad de un venado y me conducirá con seguridad sobre la altura de las montañas». (Nota para el director del coro: Al cantar esta oración, el coro debe ir acompañado por instrumentos de cuerdas).”
Habacuc 3:17-19 (NBV)Leer el capítulo completo →

Habacuc pinta un cuadro sombrío: sin higos en la higuera, sin uvas en la vid, sin aceitunas ni cosechas, con los corrales y los establos vacíos. Para una comunidad agrícola eso significaba hambre de verdad. Entonces llega la palabra asombrosa: aun así me llenaré de gozo en Dios. El profeta no se alegra porque las circunstancias hayan mejorado; el aun así de Habacuc 3:18 carga todo el peso. Su gozo está anclado en quién es Dios, el Dios de su salvación, y dice que el Señor es su fortaleza y hace sus pies como los de una cierva, capaces de subir a lugares altos. El otoño es tiempo de cosecha, y algunos miramos una cosecha que no llegó como esperábamos: un trabajo, una relación, un plan. Hoy escribe una frase que empiece con: aunque. Termínala con sinceridad y añade: aun así confiaré en ti. Léela en voz alta como oración.

Lee también

“yo me regocijaré en el Señor y me alegraré en el Dios que nos salva.”

Habacuc 3:18

Oración

Señor, aunque la cosecha que esperaba no haya llegado, aun así te alabaré. Sé mi fortaleza hoy.

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