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Devocional diario · 18 de abril

No tengo plata ni oro

“En cierta ocasión, Pedro y Juan fueron al templo a orar. Era como a las tres de la tarde. Allí vieron a un lisiado de nacimiento, a quien todos los días traían y colocaban junto a la puerta del templo llamada la Hermosa, para que pidiera limosna. Cuando el lisiado vio a Pedro y Juan que iban a entrar al templo, les pidió dinero. Los apóstoles lo miraron fijamente. ―¡Míranos! —le dijo Pedro. El lisiado los miró con ansiedad, esperando recibir una limosna. ―No tengo dinero que darte —continuó Pedro—. Pero te daré lo que tengo. ¡En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina! Entonces Pedro lo tomó de la mano y lo levantó. Al instante, los pies y los tobillos se le fortalecieron a tal grado que se levantó de un salto y comenzó a andar. Más tarde, entró al templo con ellos, saltando y alabando a Dios. Toda la gente lo vio caminando y alabando a Dios, y reconocieron que era el lisiado que estaban acostumbrados a ver en el templo, junto a la Hermosa, y se quedaron asombrados.”
Hechos 3:1-10 (NBV)Leer el capítulo completo →

Pedro y Juan encontraron a un hombre que no podía caminar desde su nacimiento, pidiendo limosna en la puerta del templo. Pedro no tenía dinero, pero dio lo que sí tenía: el nombre y el poder de Jesús, y una mano para levantarlo. El hombre caminó, saltó y alabó a Dios. Podemos sentir que tenemos poco que ofrecer, pero a menudo los regalos más valiosos son la atención, la oración y una mano firme. Fíjate en que Pedro lo miró directamente; no pasó de largo como la multitud. Hoy mantén los ojos abiertos para alguien a quien suelen ignorar, quizá un vecino, una cajera o un colega. Ofrece lo que tienes: una pregunta sincera, una palabra amable, una oración. Puede sorprenderte cuánto cambia el día de alguien un pequeño gesto en nombre de Jesús.

Oración

Señor, abre mis ojos a quienes suelo pasar de largo y usa lo que tengo. Amén.

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