Devocional diario · 18 de julio
Lo que sí tengo
“En cierta ocasión, Pedro y Juan fueron al templo a orar. Era como a las tres de la tarde. Allí vieron a un lisiado de nacimiento, a quien todos los días traían y colocaban junto a la puerta del templo llamada la Hermosa, para que pidiera limosna. Cuando el lisiado vio a Pedro y Juan que iban a entrar al templo, les pidió dinero. Los apóstoles lo miraron fijamente. ―¡Míranos! —le dijo Pedro. El lisiado los miró con ansiedad, esperando recibir una limosna. ―No tengo dinero que darte —continuó Pedro—. Pero te daré lo que tengo. ¡En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina! Entonces Pedro lo tomó de la mano y lo levantó. Al instante, los pies y los tobillos se le fortalecieron a tal grado que se levantó de un salto y comenzó a andar. Más tarde, entró al templo con ellos, saltando y alabando a Dios.”
Pedro y Juan iban camino a orar cuando un hombre que no podía caminar les pidió dinero. Pedro lo miró, lo miró de verdad, y dijo algo honesto: no tengo plata ni oro, pero lo que sí tengo te doy. Entonces lo tomó de la mano y lo ayudó a levantarse. Fíjate en que Pedro no se disculpó por sus bolsillos vacíos. Ofreció lo que tenía, en el nombre de Jesús, y resultó ser justo lo que el hombre necesitaba. A menudo sentimos que tenemos muy poco para ayudar: no alcanza el dinero, el tiempo o la habilidad. Sin embargo, cada persona tiene algo que dar, sea atención, una destreza, una palabra de ánimo o un oído que escucha. Hoy pregúntate qué es lo que sí tienes y dáselo a alguien que lo necesite. Míralo a los ojos, como hizo Pedro.
Oración
Jesús, no lo tengo todo, pero tengo algo. Muéstrame quién lo necesita hoy.

