Devocional diario · 2 de octubre
Descanso para el alma
“Pero yo callo ante el Señor, porque en él está mi esperanza. Sí, sólo él es mi roca, y mi salvación; él es mi refugio. ¡Jamás habré de caer! Mi salvación y mi gloria proceden sólo de Dios. Él es mi refugio, la roca en donde ningún enemigo podrá alcanzarme. ¡Pueblo mío, confía en él siempre! ¡Ábrele tu corazón, pues él es nuestro refugio!”
David le habla a su propia alma y le dice que guarde silencio ante Dios. Eso merece atención: no espera a que llegue la paz, sino que se dirige a sí mismo y redirige su mirada. Nuestra mente puede correr todo el día entre preocupaciones, comparaciones y listas de pendientes, y el salmo propone otro hábito. Llama a Dios roca, salvación y fortaleza, tres imágenes de algo que no se mueve cuando todo lo demás tiembla. Confiar no es fingir que la tormenta es pequeña, sino elegir dónde pararte mientras sopla. Hoy dedica cinco minutos, lejos del teléfono, a contarle a Dios lo que te pesa. Luego di en voz alta que Él es tu refugio, y repítelo cada vez que vuelva la ansiedad. Si la carga se siente demasiado pesada, compártela también con un amigo de confianza, un pastor o un consejero.
Oración
Dios, roca mía, calma el ruido dentro de mí y sé hoy mi refugio. Amén.

