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Devocional diario · 21 de noviembre

Tres veces al día, agradecido

“Pero aunque Daniel lo supo, se fue a su hogar y se arrodilló como de costumbre en su dormitorio en la planta alta, con sus ventanas abiertas hacia Jerusalén, y oró tres veces al día, tal como siempre lo había hecho, dando gracias a su Dios. Entonces todos estos hombres vinieron a la casa de Daniel y lo encontraron orando e invocando a su Dios. Volvieron en seguida ante el rey y le recordaron su prohibición. ―¿No ha firmado una ley, le dijeron, que no permite ninguna petición a ningún dios u hombre, que no sea usted, durante un plazo de treinta días? ¿Y que todo aquel que lo desobedeciera fuera arrojado a los leones? ―Sí, respondió el rey, es una “ley de los medos y los persas”, que no puede ser alterada ni cambiada. Entonces le contaron al rey: ―Pues Daniel, uno de los cautivos judíos, no está prestando ninguna atención ni a usted ni a esta ley. Por el contrario, él está solicitando favores a su Dios tres veces al día.”
Daniel 6:10-13 (NBV)Leer el capítulo completo →

Daniel sabía que una nueva ley convertía en delito orar a cualquiera que no fuera el rey, y aun así fue a su casa y oró como siempre. El texto señala que lo hacía tres veces al día, de rodillas ante una ventana abierta, dando gracias a su Dios. No lo convirtió en una protesta; simplemente mantuvo su costumbre. Lo que destaca es que la gratitud era parte de su ritmo ordinario mucho antes de que llegara la presión. Cuando vino la dificultad, no tuvo que inventar una vida espiritual nueva; ya tenía una. Los hábitos de gratitud nos preparan para los días difíciles. Hoy fija tres momentos breves, mañana, mediodía y noche, para detenerte treinta segundos y agradecer a Dios algo específico. Pon recordatorios en el teléfono si te ayuda. Que esas pausas se vuelvan una ventana constante por la que tu corazón mire hacia Dios, sea cual sea el día.

Oración

Dios, haz de la gratitud el ritmo constante de mis días, en los tiempos fáciles y en los difíciles. Amén.

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