Devocional diario · 24 de julio
Baja, voy a tu casa
“Jesús llegó a Jericó y comenzó a cruzar la ciudad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los cobradores de impuestos. Él trataba de ver a Jesús, pero era de baja estatura y había tanta gente que no alcanzaba a verlo. Entonces se adelantó corriendo al lugar por donde Jesús iba a pasar y se subió a un árbol para poder verlo. Cuando Jesús pasaba por ese lugar, miró hacia arriba y le dijo:―Zaqueo, baja en seguida, porque quiero quedarme hoy en tu casa. Zaqueo se bajó a toda prisa y, muy contento, recibió a Jesús en su casa.”
Zaqueo era un cobrador de impuestos rico, mal visto por los vecinos y demasiado bajo para ver por encima de la multitud. Así que hizo algo poco digno: se subió a un árbol. Jesús se detuvo debajo, miró hacia arriba y lo llamó por su nombre. Entonces vino la sorpresa: hoy tengo que quedarme en tu casa. Jesús no esperó a que Zaqueo arreglara su reputación. Eligió ser huésped antes de que hubiera algún cambio. Esa bienvenida hizo posible el arrepentimiento, y Zaqueo pronto prometió dar la mitad de sus bienes a los pobres y devolver a quien hubiera defraudado. La amabilidad abrió la puerta que la crítica nunca pudo abrir. Hoy piensa en alguien a quien los demás suelen mantener a distancia. Ofrécele un gesto amable: un saludo, un café, una invitación a comer. Deja que la gracia vaya primero y confía a Dios lo que ocurra después.
Oración
Jesús, tú recibiste al que estaba fuera. Dame tu manera de acoger a las personas que evito.

