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Devocional diario · 25 de junio

Lo que sí tengo

“En cierta ocasión, Pedro y Juan fueron al templo a orar. Era como a las tres de la tarde. Allí vieron a un lisiado de nacimiento, a quien todos los días traían y colocaban junto a la puerta del templo llamada la Hermosa, para que pidiera limosna. Cuando el lisiado vio a Pedro y Juan que iban a entrar al templo, les pidió dinero. Los apóstoles lo miraron fijamente. ―¡Míranos! —le dijo Pedro. El lisiado los miró con ansiedad, esperando recibir una limosna. ―No tengo dinero que darte —continuó Pedro—. Pero te daré lo que tengo. ¡En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina! Entonces Pedro lo tomó de la mano y lo levantó. Al instante, los pies y los tobillos se le fortalecieron a tal grado que se levantó de un salto y comenzó a andar. Más tarde, entró al templo con ellos, saltando y alabando a Dios.”
Hechos 3:1-8 (NBV)Leer el capítulo completo →

Pedro y Juan, camino a orar, se encuentran con un hombre cojo de nacimiento que pide monedas. Pedro lo mira, lo mira de verdad, y dice que no tiene plata ni oro, pero que lo que tiene se lo da. Luego le ofrece la mano y lo ayuda a levantarse. La historia nos recuerda que rara vez ayudamos a otros fingiendo tener lo que nos falta; ayudamos dando lo que sí tenemos: atención, tiempo, oración, la mano. Casi todos sentimos que tenemos poco que ofrecer. Hoy pregúntate quién a tu alrededor pide algo sin palabras, y qué tienes tú que pueda responderle. Puede ser un oído atento, un aventón, una comida o una oración sencilla. Mira a alguien a los ojos y ofrécelo.

Oración

Señor, usa lo poco que tengo. Abre mis ojos a la persona que quieres que levante.

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