Devocional diario · 27 de enero
Renovados cada día
“Por eso, nunca nos damos por vencidos. Aunque este cuerpo nuestro se va desgastando, por dentro nos renovamos cada vez más. Pues nuestros pequeños y pasajeros sufrimientos producen una gloria eterna más grande y abundante. Por lo tanto, no nos importa lo que ahora se ve, sino que fijamos la mirada en lo que todavía no vemos. Porque lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve no cesará jamás.”
Pablo enumera sus sufrimientos en otros lugares de esta carta, así que sabe lo que dice cuando escribe que no nos desanimamos. Por fuera nos vamos desgastando, admite, pero por dentro nos vamos renovando día a día. No niega el envejecimiento, la enfermedad ni el dolor. Simplemente no permite que lo visible sea toda la historia. Llama a nuestras tribulaciones leves y momentáneas frente a un peso eterno de gloria incomparable, no porque sean pequeñas sino porque la eternidad es inmensa. Luego da la disciplina: fijar la mirada no en lo que se ve sino en lo que no se ve, pues lo visible es temporal y lo invisible es eterno. Hoy, si lidias con un cuerpo cansado o una temporada pesada, nombra una realidad invisible a la que puedas aferrarte, como la presencia o la promesa de Dios, y repítela cuando suba el desánimo.
Oración
Señor, renueva mi interior cada día. Ayúdame a mirar más allá de lo que veo hacia lo que dura para siempre. Amén.

