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Devocional diario · 28 de agosto

Oración en lugar de pánico

“No se angustien por nada; más bien, oren; pídanle a Dios en toda ocasión y denle gracias. Y la paz de Dios, esa paz que nadie puede comprender, cuidará sus corazones y pensamientos en Cristo.”
Filipenses 4:6-7 (NBV)Leer el capítulo completo →

Pablo escribió desde la cárcel, así que su consejo sobre la ansiedad no es ingenuo. No se inquieten por nada, dice, sino presenten sus peticiones a Dios en toda ocasión, con acción de gracias. No dice que finjas no tener preocupaciones; dice que las traslades, una por una, de tu mente a la oración. La promesa de Filipenses 4:7 es una paz que sobrepasa todo entendimiento y que guarda los corazones y los pensamientos, como un centinela en una puerta. Fíjate en que la paz no es lo mismo que resolver el problema. Es protección en medio de él. La gratitud también importa, porque recordar la ayuda pasada cambia cómo enfrentamos el presente. Si la ansiedad es pesada y persistente, orar y también acudir a un consejero o a un médico van de la mano. Hoy convierte cada preocupación en una frase corta de oración y añade una cosa por la que estés agradecido.

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“Y la paz de Dios, esa paz que nadie puede comprender, cuidará sus corazones y pensamientos en Cristo.”

Filipenses 4:7

Oración

Señor, te entrego mis preocupaciones una por una. Guarda mi corazón y mi mente con tu paz y ayúdame a dar gracias.

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