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Devocional diario · 3 de septiembre

La tormenta y el Salvador dormido

“Anochecía y Jesús les dijo a sus discípulos:―Vámonos al otro lado del lago. Y, dejando a la multitud, salieron en la barca. Varias barcas los siguieron. A medio camino se desató una terrible tempestad. El viento azotaba la barca con furia y las olas amenazaban con anegarla completamente. Jesús dormía en la popa, con la cabeza en una almohada. Lo despertaron y le dijeron: ―Maestro, ¿no te importa que nos estemos hundiendo? Jesús se levantó, reprendió a los vientos y dijo a las olas:―¡Silencio! ¡Cálmense!Los vientos cesaron y todo quedó en calma, Y Jesús les dijo:―¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Acaso no tienen fe? Ellos, asustados, se decían: ―¿Quién será este que aun los vientos y las aguas lo obedecen?”
Marcos 4:35-41 (NBV)Leer el capítulo completo →

Los discípulos eran pescadores experimentados, así que cuando entran en pánico con esta tormenta, el peligro es real. Y Jesús está dormido en la popa. La pregunta de Marcos 4:38, si no le importa que perezcan, es una que muchos hemos susurrado. Fíjate en que él no los regaña por preguntar: se levanta, habla y el viento obedece. Solo después les pregunta por qué tenían tanto miedo. La tormenta nunca fue más grande que la persona que iba en la barca. Eso no significa que cada tormenta termine en un instante, pero sí que nunca navegamos solos. La fe aquí no es sentirse tranquilo; es llevar el miedo a Jesús en vez de esconderlo. Hoy, cuando suba la preocupación, detente y di su nombre una vez, despacio. Luego cuéntale exactamente lo que temes, con la misma franqueza de los discípulos.

Lee también

“Jesús dormía en la popa, con la cabeza en una almohada. Lo despertaron y le dijeron: ―Maestro, ¿no te importa que nos estemos hundiendo?”

Marcos 4:38

Oración

Jesús, tú estás en mi barca, así que no tendré miedo. Habla paz sobre las tormentas que enfrento hoy.

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