Devocional diario · 31 de diciembre
El Guardián que nunca duerme
“Hacia las montañas levanto la mirada; ¿de dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra. No permitirá que resbales y caigas; jamás duerme el que te cuida. De verdad, jamás duerme ni se cansa el que cuida a Israel. ¡El Señor mismo te cuida! El Señor está a tu lado como tu sombra protectora. El sol no te hará daño de día ni la luna de noche. Te guarda de todo mal y protege tu vida. El Señor te cuida cuando vas y cuando vienes, desde ahora y para siempre.”
En la última noche del año, muchos sentimos una mezcla de gratitud, arrepentimiento y nerviosismo por lo que viene. El salmo 121 es un canto de viajeros. El peregrino mira hacia los montes y pregunta de dónde vendrá su ayuda, y responde que viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. La palabra guardar aparece una y otra vez: no permitirá que tu pie resbale, el que te guarda no se adormecerá, y guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre. No cargas solo el año que viene. Antes de la medianoche, dedica unos minutos a agradecer a Dios las maneras concretas en que te guardó este año, en los días comunes y en los difíciles. Luego entrégale las incógnitas del año que viene, una por una, y descansa. Él no duerme, así que tú puedes hacerlo.
Oración
Señor, mi Guardián, gracias por este año. Pongo el próximo en tus manos. Amén.

