Nuevo: artículos Plus sobre fe, familia y la Biblia. Léelos →

Devocional diario · 4 de octubre

Lealtad que acompaña

“Pero Rut replicó: ―No me pidas que te deje y me aparte de ti; adondequiera que tú vayas iré yo, y viviré donde tú vivas; tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Quiero morir donde tú mueras, y ser sepultada allí. Y que Dios me castigue si no cumplo mi promesa. Nada nos separará, ¡ni siquiera la muerte! Cuando Noemí se dio cuenta de que Rut estaba decidida y que no podría persuadirla en sentido contrario, ya no intentó convencerla.”
Rut 1:16-18 (NBV)Leer el capítulo completo →

Rut tenía todos los motivos para volver a casa. Era una viuda en una familia extranjera y sin un futuro asegurado. En cambio, se unió a Noemí con una promesa de lealtad que iba más allá de la conveniencia, y eligió al Dios de Noemí como suyo. Nada en ese momento parecía tener recompensa; la recompensa llegó después, de maneras que ella no pudo planear. La fidelidad suele ser así: primero cuesta y después bendice. El amor leal aparece cuando alguien está amargado, cansado o desanimado, justo cuando más difícil es quedarse. Piensa en una persona de tu vida que atraviesa una temporada dura. Hoy haz algo pequeño que le diga que no te vas: una llamada, una comida, una hora de tu tiempo. La lealtad se construye con actos ordinarios como estos, y Dios los ve.

Oración

Dios fiel, hazme un amigo leal para las personas que has puesto cerca de mí. Amén.

Los 366 devocionales