Devocional diario · 5 de enero
Adonde tú vayas, iré yo
“Pero Rut replicó: ―No me pidas que te deje y me aparte de ti; adondequiera que tú vayas iré yo, y viviré donde tú vivas; tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Quiero morir donde tú mueras, y ser sepultada allí. Y que Dios me castigue si no cumplo mi promesa. Nada nos separará, ¡ni siquiera la muerte!”
Rut tenía todas las razones para volver a casa. Su esposo había muerto, su suegra Noemí estaba amargada y le pedía que se fuera, y el camino a Belén conducía a un futuro incierto como viuda extranjera. Aun así, Rut eligió la lealtad. Sus palabras a Noemí son un voto de presencia: tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios, mi Dios. Lo notable es que nada la obligaba. Era amor de pacto, lo que el Antiguo Testamento llama hesed, una fidelidad que permanece cuando irse sería más fácil. Dios luego entretejió a Rut en el linaje de David y de Jesús. Las pequeñas decisiones fieles suelen ser los hilos que Él usa. Hoy piensa en alguien que atraviesa una temporada difícil, quizá un amigo o familiar que se ha quedado callado. Llámalo o visítalo, y ofrécele no consejos sino simple presencia.
Oración
Dios de amor fiel, hazme una persona que permanece. Muéstrame quién necesita hoy mi presencia. Amén.

