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Devocional diario · 8 de abril

No está aquí

“Cuando al amanecer del domingo María Magdalena y la otra María regresaban a la tumba, hubo un fuerte temblor. Un ángel del Señor acababa de descender del cielo y, tras remover la piedra, se había sentado en ella. Tenía el aspecto de un relámpago; y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Los guardias, temblando de miedo, se quedaron como muertos. Pero el ángel dijo a las mujeres: ―No teman. Sé que buscan a Jesús, el crucificado. Pero no lo encontrarán aquí, porque ha resucitado como se lo había dicho. Entren y vean el lugar donde lo habían puesto… Ahora, váyanse pronto y díganles a los discípulos que él ya se levantó de los muertos, que se dirige a Galilea y que allí los espera. Ya lo saben. Las mujeres, llenas de espanto y alegría a la vez, corrieron a buscar a los discípulos para darles el mensaje del ángel. Mientras corrían, Jesús les salió al encuentro. ―¡Buenos días! —les dijo. Ellas cayeron sobre sus rodillas y, abrazándole los pies, lo adoraron. ―No teman—les dijo Jesús—.Digan a mis hermanos que salgan en seguida hacia Galilea, y allí me hallarán.”
Mateo 28:1-10 (NBV)Leer el capítulo completo →

Dos mujeres llegaron al amanecer a una tumba esperando llorar, y en cambio oyeron al ángel decir que Jesús no estaba allí porque había resucitado. Fíjate en su reacción: miedo y gran alegría al mismo tiempo. La resurrección no borra nuestras emociones; les da un nuevo centro. Luego el mismo Jesús las encontró en el camino y les dijo: no tengan miedo. La esperanza cristiana no es una idea sino un acontecimiento que cambió a los discípulos de esconderse a dar testimonio. Si Cristo ha resucitado, la muerte no tiene la última palabra sobre nuestras pérdidas, fracasos ni temores. Hoy comparte la buena noticia con alguien, con tus propias palabras, aunque sea en un mensaje sencillo: él vive, y eso me da esperanza. Que la alegría se note en tu voz, tu bondad y tu paciencia.

Oración

Señor resucitado, lléname de alegría y valor para compartir tu buena noticia hoy. Amén.

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