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Devocional diario · 10 de octubre

La voz apacible

“Al llegar allí, se metió en una cueva, para pasar la noche. El Señor se le aparece a Elías Pero el Señor le dijo: ―¿Qué haces aquí, Elías? Él contestó: ―Siento un ardiente amor por ti, Dios Todopoderoso; me duele ver cómo el pueblo de Israel ha quebrantado el pacto contigo, ha derribado tus altares, ha dado muerte a tus profetas. ¡Sólo yo he quedado, y ahora están tratando de matarme a mí también! ―Sal y ponte delante de mí, en la montaña, pues voy a pasar por aquí —le dijo el Señor. En ese momento, sopló un fuerte viento que azotó las montañas. Era tan terrible que hacía añicos las rocas y partía las montañas, pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto. Y después del terremoto hubo fuego, pero el Señor no estaba en el fuego. Y después del fuego se oyó un susurro suave y apacible. Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto, salió y estuvo parado a la entrada de la cueva. Y una voz le preguntó: ―¿Por qué estás aquí, Elías?”
1 Reyes 19:9-13 (NBV)Leer el capítulo completo →

Elías acababa de ver una gran victoria y luego huyó, con miedo y agotamiento, a una cueva. Dios no lo reprendió. Le hizo una pregunta y lo invitó a salir. Pasaron un viento, un terremoto y un fuego, espectaculares y ruidosos, pero Dios no estaba en ellos. Luego vino un silbo apacible, y Elías se cubrió el rostro. Solemos esperar que Dios llegue con volumen y nos perdemos su cercanía callada. La historia de Elías también muestra que el agotamiento y el desánimo son reales, y que Dios sale a su encuentro con paciencia y cuidado, incluidos comida y descanso. Hoy busca cinco minutos de verdadero silencio. Apaga las notificaciones y simplemente escucha. Si te sientes abrumado o sin esperanza por mucho tiempo, habla también con un médico, un consejero o un pastor.

Oración

Señor, en el ruido de mi vida ayúdame a oír tu voz apacible. Amén.

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