Devocional diario · 12 de febrero
El padre que corre
“Jesús continuó y les dijo:«Un hombre tenía dos hijos. Un día, el menor le dijo a su padre: “Papá, dame la parte que me toca de la herencia”. Entonces el padre repartió sus bienes entre los dos. A los pocos días, el hijo menor juntó todo lo que tenía y se fue lejos, a otro país. Allí vivió desordenadamente y desperdició su herencia. Cuando ya lo había gastado todo, la comida empezó a faltar en ese país, y él comenzó a pasar hambre. Entonces fue y consiguió trabajo con un ciudadano del lugar, que lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía tanta hambre, que le daban ganas de llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos; pero nadie se la daba. Un día, se puso a pensar: “En la casa de mi padre, los jornaleros tienen comida en abundancia, y yo aquí me estoy muriendo de hambre. Volveré a casa y le diré a mi padre: Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que digan que soy tu hijo. Trátame como a uno de tus jornaleros”. Así que viajó de regreso a la casa de su padre.»Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión por él; salió corriendo a encontrarlo, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: “Papá, he pecado contra el cielo y contra ti y ya no merezco que digan que soy tu hijo”. Pero el padre ordenó a sus sirvientes: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa y vístanlo; pónganle un anillo en su dedo y sandalias en sus pies. Y que maten el becerro más gordo para hacer fiesta, porque este hijo mío estaba muerto pero ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado”. Y comenzaron la fiesta.”
El hijo menor tomó su herencia, la malgastó y terminó cuidando cerdos. Cuando decidió volver a casa, ensayó un discurso para ser un jornalero. Pero el padre lo vio cuando aún estaba lejos, corrió hacia él, lo abrazó e interrumpió el discurso con una túnica, un anillo y una fiesta. Jesús está describiendo a Dios. El padre no esperó a ver si el hijo había aprendido la lección; primero vino la bienvenida. La vergüenza nos dice que nos mantengamos lejos hasta limpiarnos. Esta historia dice que vengamos tal como estamos. Si has evitado a Dios por algo que hiciste, el camino de regreso es más corto de lo que piensas. Hoy haz una oración sencilla y sincera de regreso, nombrando lo que lamentas. Luego recibe el perdón como un regalo y no como un salario que hay que ganar.
Oración
Padre, vuelvo a casa. Gracias por salir corriendo a recibirme con misericordia. Amén.

