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Devocional diario · 16 de febrero

Enviado sin estar listo

“Un día, mientras Moisés pastoreaba los rebaños de su suegro Jetro, sacerdote de Madián, al otro lado del desierto, cerca de Horeb, monte de Dios, repentinamente se le apareció el ángel del Señor, como llamas de fuego en una zarza. Cuando Moisés vio que la zarza ardía sin quemarse, se acercó para ver bien lo que pasaba. Pero el Señor lo llamó: ―¡Moisés, Moisés! ―¿Quién me llama? —preguntó Moisés. ―No te acerques —le dijo Dios—. ¡Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa! Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Moisés se cubrió el rostro con ambas manos, porque tenía miedo de mirar a Dios. ―He visto los profundos sufrimientos de mi pueblo en Egipto —le dijo el Señor—, y he oído sus oraciones en que piden liberación de sus duros capataces. He venido a liberarlos de sus opresores egipcios y a llevarlos a una tierra buena y grande, tierra de la que fluye leche y miel, tierra en que viven los cananeos, los hititas, los amorreos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos. Sí, el clamor del pueblo de Israel ha ascendido hasta mi presencia, y he visto las pesadas tareas con que los egipcios los han oprimido. Ahora te voy a enviar al faraón, para que saques a mi pueblo de Egipto. ―Pero, yo no soy la persona adecuada para esta tarea —le dijo Moisés a Dios. ―Ciertamente estaré contigo —le dijo Dios—, y esta es la demostración de que yo soy el que te envío: cuando hayas sacado al pueblo de Egipto, tú y el pueblo me adorarán sobre esta montaña.”
Éxodo 3:1-12 (NBV)Leer el capítulo completo →

Moisés tenía ochenta años y era pastor en el desierto cuando notó una zarza que ardía sin consumirse. Dios le habló desde ella, le reveló su preocupación por su pueblo sufriente y lo envió al faraón. Moisés objetó de inmediato: ¿quién soy yo? Dios no enumeró sus méritos. Respondió: yo estaré contigo. Así suele funcionar el llamado. Esperamos sentirnos listos, y Dios dice que lo que importa es su presencia. Moisés aún lucharía, dudaría y pediría ayuda, pero el llamado se mantuvo. Si sientes que Dios te empuja hacia algo, un ministerio, una conversación difícil, un nuevo paso de servicio, no necesitas estar seguro de tus capacidades. Hoy escribe el impulso que has estado resistiendo y la objeción que sigues repitiendo. Llévale ambos a Dios y da un pequeño paso de obediencia.

Oración

Señor, cuando me sienta no preparado, recuérdame que estás conmigo. Envíame y úsame. Amén.

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