Devocional diario · 2 de junio
Quítate las sandalias
“Un día, mientras Moisés pastoreaba los rebaños de su suegro Jetro, sacerdote de Madián, al otro lado del desierto, cerca de Horeb, monte de Dios, repentinamente se le apareció el ángel del Señor, como llamas de fuego en una zarza. Cuando Moisés vio que la zarza ardía sin quemarse, se acercó para ver bien lo que pasaba. Pero el Señor lo llamó: ―¡Moisés, Moisés! ―¿Quién me llama? —preguntó Moisés. ―No te acerques —le dijo Dios—. ¡Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa! Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Moisés se cubrió el rostro con ambas manos, porque tenía miedo de mirar a Dios.”
Moisés hacía algo cotidiano, cuidar ovejas en el desierto, cuando una zarza que ardía sin consumirse lo detuvo en seco. Dios lo llamó por su nombre y le dio una instrucción extraña: quítate las sandalias, porque esta tierra es santa. Fíjate que el lugar no tenía nada de especial. Lo que lo hacía santo era la presencia de Dios. Muchos esperamos momentos espectaculares para encontrarnos con él, mientras él nos espera en medio de la rutina. La invitación es apartarnos del camino, bajar el ritmo lo suficiente para darnos cuenta. Hoy escoge un lugar común, tu cocina, tu trayecto, tu escritorio, y trátalo como tierra santa durante cinco minutos. Respira hondo, di en voz baja que estás aquí y escucha. Puede que Dios no use fuego, pero sigue llamando a las personas por su nombre.
Oración
Señor, abre mis ojos para ver tu presencia en los lugares comunes de mi día.

