Devocional diario · 1 de junio
El regalo de detenerse
“De este modo fueron creados los cielos y la tierra, y todo lo que hay en ellos. Después de haber terminado todo lo que se había propuesto hacer, Dios descansó el séptimo día. Y bendijo el séptimo día y lo instituyó como día santo, porque en ese día descansó después de haber creado todo.”
Antes de que la humanidad lograra algo, Dios le regaló un día de descanso. La creación no termina con una tarea sino con una pausa, y Dios llama santa a esa pausa. Es fácil pensar que descansar es el premio por haberlo terminado todo, pero este pasaje lo pone al comienzo de nuestra historia: somos amados antes de producir. Descansar es una manera de decir que el mundo sigue girando sin que tengamos las manos puestas en él. Cuando se acerca el verano y las agendas se llenan, solemos creer que detenerse es pereza. Hoy elige una pausa de verdad, de al menos veinte minutos. Silencia el teléfono, siéntate en un lugar tranquilo y da gracias a Dios por algo que no tuviste que ganarte. Que esa pausa sea un acto de confianza y no una huida; notarás cómo se relajan tus hombros cuando dejas que Dios sea Dios por un rato.
Oración
Padre, enséñame a detenerme sin culpa y a descansar en lo que tú ya terminaste.

