Devocional diario · 23 de agosto
No hacía falta plata ni oro
“En cierta ocasión, Pedro y Juan fueron al templo a orar. Era como a las tres de la tarde. Allí vieron a un lisiado de nacimiento, a quien todos los días traían y colocaban junto a la puerta del templo llamada la Hermosa, para que pidiera limosna. Cuando el lisiado vio a Pedro y Juan que iban a entrar al templo, les pidió dinero. Los apóstoles lo miraron fijamente. ―¡Míranos! —le dijo Pedro. El lisiado los miró con ansiedad, esperando recibir una limosna. ―No tengo dinero que darte —continuó Pedro—. Pero te daré lo que tengo. ¡En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina! Entonces Pedro lo tomó de la mano y lo levantó. Al instante, los pies y los tobillos se le fortalecieron a tal grado que se levantó de un salto y comenzó a andar. Más tarde, entró al templo con ellos, saltando y alabando a Dios.”
Pedro y Juan van a orar cuando un hombre que no puede caminar les pide dinero. Pedro lo mira fijamente y dice algo sincero: no tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesús, levántate y anda. Es fácil leer la historia como un milagro que solo los apóstoles podían hacer, pero observa cómo comienza con la atención. Pedro se detiene, lo mira a los ojos y lo toma de la mano. Muchos pasamos de largo ante alguien en necesidad, convencidos de que no tenemos nada que ofrecer. Lee Hechos 3:6 y pregúntate qué sí tienes: tiempo, un oído atento, una habilidad, una oración o una comida. El poder de Jesús obra por medio de personas comunes que se detienen. Hoy, cuando encuentres a alguien en necesidad, no pases de prisa. Míralo, salúdalo con calidez y ofrece la ayuda que realmente puedas dar.
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“―No tengo dinero que darte —continuó Pedro—. Pero te daré lo que tengo. ¡En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina!”
Hechos 3:6
Oración
Señor Jesús, abre mis ojos a quienes tienen necesidad. Usa lo poco que tengo para llevar tu amor y levantar a alguien.

