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Devocional diario · 23 de marzo

No mi voluntad

“Jesús salió de la ciudad acompañado por sus discípulos y se dirigió al monte de los Olivos, como era su costumbre. Cuando llegaron al lugar, les dijo:«Oren para que no caigan en tentación». Entonces se alejó de ellos a una buena distancia, se arrodilló y se puso a orar: «Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo. Pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres». En ese momento, un ángel del cielo se le apareció para darle fortaleza. Estaba tan angustiado, que se puso a orar con más intensidad, y su sudor caía a tierra como grandes gotas de sangre. Cuando terminó de orar, volvió adonde estaban los discípulos y los encontró dormidos, estaban agotados por la tristeza. Les dijo:«¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para que no caigan en tentación».”
Lucas 22:39-46 (NBV)Leer el capítulo completo →

La noche antes de su muerte, Jesús fue al monte de los Olivos como solía hacerlo, y pidió a sus amigos que oraran. Luego se apartó un poco y oró con angustia. Preguntó si era posible que pasara de él aquella copa, y añadió las palabras que definen toda su vida: no se haga mi voluntad, sino la tuya. Lucas registra que un ángel lo fortaleció y que su sudor caía como gotas de sangre, mientras los discípulos dormían de tristeza. Jesús no fingió estar tranquilo. Trajo su angustia con sinceridad al Padre y aun así se sometió. Si enfrentas algo que temes, no necesitas ocultárselo a Dios. Puedes pedir alivio y aun así decir: hágase tu voluntad. Hoy sé honesto con Dios sobre un temor y pídele valor para confiar en él en medio de eso.

Oración

Padre, te traigo mis temores. No mi voluntad, sino la tuya. Fortaléceme para confiar. Amén.

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