Devocional diario · 24 de febrero
La mentalidad de Cristo
“Así que, si se sienten animados al estar unidos a Cristo, si sienten algún consuelo en su amor, si todos tienen el mismo Espíritu, si tienen algún afecto verdadero, llénenme de alegría poniéndose de acuerdo unos con otros, amándose entre ustedes y estando unidos en alma y pensamiento. No hagan nada por egoísmo o vanidad. Más bien, hagan todo con humildad, considerando a los demás como mejores que ustedes mismos. Cada uno debe buscar no sólo su propio bien, sino también el bien de los demás. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús: aunque él era igual a Dios, no consideró esa igualdad como algo a qué aferrarse. Al contrario, por su propia voluntad se rebajó, tomó la naturaleza de esclavo y de esa manera se hizo semejante a los seres humanos. Al hacerse hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte en la cruz! Por eso, Dios lo engrandeció al máximo y le dio un nombre que está por encima de todos los nombres, para que ante el nombre de Jesús todos se arrodillen, tanto en el cielo como en la tierra y debajo de la tierra, y para que toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para que le den la gloria a Dios Padre.”
Pablo pide a los filipenses que completen su gozo estando unidos en amor, sin hacer nada por ambición egoísta y considerando a los demás como más importantes. Luego señala a Jesús, quien tenía todo el derecho de aferrarse a su gloria, pero se despojó a sí mismo, tomó forma de siervo y se humilló hasta la muerte en una cruz. El camino de Jesús desciende antes de ascender: Dios lo exaltó y le dio el nombre sobre todo nombre. Esto invierte la manera en que el mundo mide la grandeza. La humildad aquí no es pensar mal de nosotros mismos, sino pensar menos en nosotros y más en los demás. Hoy busca una ocasión de servir a alguien sin que nadie lo note ni lo aplauda. Deja pasar a alguien primero, haz una tarea que no te toca o escucha a alguien sin volver la conversación hacia ti.
Oración
Jesús, dame tu corazón humilde y déjame servir con quietud y alegría. Amén.

