Devocional diario · 26 de marzo
Acérquense con confianza
“En Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que subió al mismo cielo. Por eso, debemos seguir confiando en él. Nuestro sumo sacerdote entiende nuestras debilidades, porque él mismo experimentó nuestras tentaciones, si bien es cierto que nunca cometió pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono del Dios de amor, para encontrar allí misericordia y gracia en el momento en que las necesitemos.”
El autor de Hebreos nos dice que tenemos un gran sumo sacerdote, Jesús, que ha atravesado los cielos. Como es el Hijo de Dios, se nos exhorta a mantenernos firmes en lo que profesamos. Pero enseguida llega un consuelo sorprendente: este sumo sacerdote no es distante ni incapaz de compadecerse de nuestras debilidades. Fue tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Por eso podemos acercarnos con confianza al trono de la gracia, para recibir misericordia y hallar gracia que nos ayude en el momento de necesidad. Mucha gente duda en orar porque se siente indigna o avergonzada. Sin embargo, este pasaje llama al lugar de la oración un trono de gracia, no un tribunal. Hoy acércate a Dios sin ensayar un discurso impresionante. Trae una necesidad concreta, dile con claridad cuál es y espera misericordia. También puedes orar con las palabras de los salmos cuando las tuyas no alcancen.
Oración
Jesús, mi gran sumo sacerdote, vengo a ti con confianza. Dame misericordia y gracia hoy. Amén.

