Devocional diario · 4 de febrero
Sencillo y suficiente
“¡Pueblo de Dios! Ya el Señor les ha dicho qué es lo que él espera que ustedes hagan. Ya él les ha enseñado lo que es bueno y espera que ustedes hagan. Lo que el Señor les pide es que practiquen la justicia, que sean misericordiosos y que vivan siguiendo fielmente sus instrucciones.”
En tiempos de Miqueas la gente preguntaba cuánto debía llevar para agradar a Dios: miles de animales, ríos de aceite, incluso a sus primogénitos. El profeta responde con un solo versículo que quita todo el dramatismo. Dios ya mostró lo que es bueno, y se resume en tres cosas: practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con él. Nota que ninguna es un sentimiento que haya que esperar. Cada una es una manera de vivir en las relaciones cotidianas. Justicia es tratar con equidad a las personas en el trabajo y en casa. Misericordia es perdonar cuando tenemos la ventaja. Humildad es recordar que no somos el centro. En lugar de intentar impresionar a Dios con algo grande, escoge una de las tres. Hoy pregúntate dónde puedes practicarla: un precio honesto, una respuesta paciente, una disculpa pendiente.
Oración
Señor, hazme justo, misericordioso y humilde en las cosas pequeñas de este día. Amén.

