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Devocional diario · 5 de febrero

Mira antes de construir

“Tres días después de mi llegada a Jerusalén, me levanté durante la noche y salí acompañado de unos cuantos hombres. Yo no le había contado a nadie los planes que Dios había puesto en mi corazón acerca de Jerusalén. Yo iba montado en mi burro y mis acompañantes iban a pie. Salimos por la puerta del Valle rumbo a la fuente del Dragón y luego a la puerta del Basurero. Inspeccioné las murallas que habían sido destruidas y las puertas que habían sido quemadas. Seguimos hasta la puerta de la Fuente y al estanque del Rey, pero mi burro no pudo pasar a través de las ruinas. Entonces, todavía de noche, subí por el arroyo e inspeccioné la muralla; luego volví a entrar por la puerta del Valle. Los funcionarios de la ciudad no supieron a dónde había ido ni qué había hecho, porque a nadie le había hablado de mis planes, ni a los jefes políticos ni a los jefes religiosos, ni a los que habían estado haciendo el trabajo. Entonces les dije: ―Ustedes conocen bien el estado calamitoso de nuestra ciudad. Saben muy bien que las murallas están en ruinas y las puertas están quemadas. ¡Vamos! ¡Reedifiquemos los muros de Jerusalén y no permitamos que se sigan burlando de nosotros! Entonces les hablé del deseo que Dios había puesto en mi corazón y de la conversación que había tenido con el rey, para presentarle mi plan, el cual él había aceptado. Ellos respondieron inmediatamente: ―¡Muy bien! ¡Pongámonos a reconstruir la muralla! Y comenzaron a trabajar.”
Nehemías 2:11-18 (NBV)Leer el capítulo completo →

Nehemías llegó a Jerusalén y no empezó con discursos. Salió de noche, en silencio, a inspeccionar las murallas derribadas con unos pocos compañeros. Solo cuando entendió el daño reunió a los líderes, les contó cómo Dios lo había favorecido y los invitó a reconstruir. El pueblo respondió con un sí sencillo, y la obra comenzó. Hay sabiduría aquí para cualquier reparación, sea un presupuesto, un hábito o una relación dañada. Primero una inspección honesta, luego un plan compartido y después la primera piedra. El valor de Nehemías no era ruidoso; era cuidadoso. Hoy escoge algo de tu vida que sientas roto. Dedica diez minutos a mirarlo con honestidad, anota lo que realmente está dañado y decide la primera pequeña parte que puedes reconstruir esta semana. Pide a alguien de confianza que te acompañe.

Oración

Dios de restauración, dame ojos claros para ver lo que está roto y valor para comenzar a repararlo. Amén.

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