Devocional diario · 5 de agosto
La calma después de la tormenta
“―Sal y ponte delante de mí, en la montaña, pues voy a pasar por aquí —le dijo el Señor. En ese momento, sopló un fuerte viento que azotó las montañas. Era tan terrible que hacía añicos las rocas y partía las montañas, pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto. Y después del terremoto hubo fuego, pero el Señor no estaba en el fuego. Y después del fuego se oyó un susurro suave y apacible. Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto, salió y estuvo parado a la entrada de la cueva. Y una voz le preguntó: ―¿Por qué estás aquí, Elías?”
Elías está agotado, asustado y dispuesto a rendirse. Después de una gran victoria huye para salvar su vida y se esconde en una cueva. Dios no lo regaña. Lo invita a pararse en el monte y deja pasar un viento, un terremoto y un fuego. Dios no estaba en ninguno. Después llega un sonido suave y delgado, y Elías se cubre el rostro. A menudo esperamos a Dios solo en los momentos dramáticos, pero con frecuencia habla en el silencio que viene después. Mira 1 Reyes 19:12 y observa lo delicado de ese encuentro. Cuando estamos quemados, la primera respuesta de Dios suele ser descanso, comida y un susurro, no un sermón. Hoy apaga una fuente de ruido durante diez minutos, como el teléfono o la televisión. Siéntate en silencio y dile a Dios, con sinceridad, cuán cansado estás realmente.
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“Y después del terremoto hubo fuego, pero el Señor no estaba en el fuego. Y después del fuego se oyó un susurro suave y apacible.”
1 Reyes 19:12
Oración
Dios del susurro, sal a mi encuentro en mi cansancio. Enséñame a escuchar en el silencio y a descansar en tu cuidado.

