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Devocional diario · 1 de marzo

Un corazón limpio

“Ten compasión de mí, Dios, conforme a tu gran amor. Conforme a tu piedad, borra mis pecados. Lávame de toda mi culpa y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mi vergonzosa acción; día y noche me persigue. Es contra ti, sólo contra ti, que he pecado, y he hecho lo malo ante tus ojos. Tu sentencia contra mí es justa y tu juicio irreprochable. Porque yo nací pecador; sí, lo soy desde el momento que mi madre me concibió. Tú amas la verdad en lo íntimo, y me enseñas a ser sabio en lo más profundo de mí ser. Purifícame con hisopo, y volveré a ser puro. Lávame, y seré más blanco que la nieve. Devuélveme mi gozo y alegría; me has quebrantado, ahora déjame gozarme. Aparta tu rostro de mis pecados y borra toda mi maldad. Crea en mí un corazón limpio, Dios, y renueva la rectitud de mi espíritu. No me arrojes de tu presencia. No quites de mí tu santo Espíritu. Devuélveme el gozo de tu salvación y dame anhelo de obedecerte.”
Salmos 51:1-12 (NBV)Leer el capítulo completo →

David escribió este salmo cuando su falta quedó al descubierto, y fíjate dónde pone su esperanza: no en sus propias promesas de mejorar, sino en el amor fiel y la gran compasión de Dios. Pide ser lavado, limpiado y recibir un corazón nuevo. Ese es el comienzo sincero de toda temporada de volver a Dios. No nos arreglamos antes de llegar; llegamos, y él limpia. Nombrar lo que hicimos, sin excusas y sin hundirnos en la vergüenza, abre la puerta para que la alegría regrese. La confesión no es una trampa de Dios; es su invitación. Hoy busca cinco minutos de silencio y cuéntale a Dios con franqueza una cosa que has estado evitando. Dila con tus propias palabras. Luego recibe su misericordia como un regalo, y si el peso sigue ahí, compártelo con un pastor o un amigo de confianza que pueda orar contigo.

Oración

Dios misericordioso, lávame y hazme un corazón nuevo. Te traigo lo que he escondido. Amén.

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