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Devocional diario · 11 de junio

Arraigado como un árbol

“Dichosos todos aquellos que no siguen el consejo de los malvados, ni se detienen en la senda de los pecadores, ni cultivan la amistad de los blasfemos, sino que se deleitan en la ley del Señor, la meditan día y noche. Son como árboles junto a las riberas de un río, que no dejan de dar delicioso fruto cada estación. Sus hojas nunca se marchitan y todo lo que hacen prospera.”
Salmos 1:1-3 (NBV)Leer el capítulo completo →

El primer salmo pinta la imagen de una persona plantada junto a corrientes de agua, que da fruto a su tiempo y cuyas hojas no se marchitan. El secreto no es el esfuerzo sino el lugar: esa persona se deleita en la enseñanza de Dios y vuelve a ella una y otra vez. Los árboles no se esfuerzan por crecer; permanecen conectados a la fuente. En una cultura que celebra el ajetreo, esta imagen refresca. El fruto llega en su tiempo, lo cual significa que algunas temporadas parecen tranquilas y poco productivas, y eso es normal. Fíjate también en que el salmo empieza con lo que esta persona evita: el consejo y la compañía que alejan el corazón. Hoy elige un hábito diario pequeño que te mantenga cerca del agua, como cinco minutos de lectura bíblica antes de abrir el teléfono. Hazlo con constancia y confía en que el fruto vendrá a su tiempo.

Oración

Señor, plántame junto a tus aguas vivas y mantenme arraigado en tu palabra.

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