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Devocional diario · 19 de febrero

Después de la cima

“Cuando Acab le contó a Jezabel lo que había hecho Elías, y cómo había dado muerte a los profetas de Baal, ella le envió este mensaje a Elías: «¡Te juro por mis dioses, que mañana, a esta misma hora, tú serás hombre muerto! ¡Así como mataste a mis profetas, yo te mataré a ti!». Elías entonces huyó para salvar su vida. Se fue a Berseba, ciudad de Judá, y dejó a su siervo allí. Luego se internó en el desierto. Después de caminar todo un día, se sentó bajo un arbusto, y sintió deseos de morir. «¡Basta! —le dijo al Señor—. ¡Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados!». Entonces se acostó y se quedó dormido bajo el arbusto. Pero mientras dormía, un ángel lo tocó y le dijo: «Levántate y come». Él miró y vio que había un pan cocido sobre piedras calientes, y un cántaro de agua. Entonces comió, bebió y se acostó nuevamente. Entonces el ángel del Señor volvió, lo tocó y le dijo: «Levántate y come más, porque tienes un largo viaje por delante». Entonces Elías se levantó, comió y bebió, y recobró suficientes fuerzas para viajar durante cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte Horeb, el monte de Dios. Al llegar allí, se metió en una cueva, para pasar la noche. El Señor se le aparece a Elías Pero el Señor le dijo: ―¿Qué haces aquí, Elías? Él contestó: ―Siento un ardiente amor por ti, Dios Todopoderoso; me duele ver cómo el pueblo de Israel ha quebrantado el pacto contigo, ha derribado tus altares, ha dado muerte a tus profetas. ¡Sólo yo he quedado, y ahora están tratando de matarme a mí también! ―Sal y ponte delante de mí, en la montaña, pues voy a pasar por aquí —le dijo el Señor. En ese momento, sopló un fuerte viento que azotó las montañas. Era tan terrible que hacía añicos las rocas y partía las montañas, pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto. Y después del terremoto hubo fuego, pero el Señor no estaba en el fuego. Y después del fuego se oyó un susurro suave y apacible.”
1 Reyes 19:1-12 (NBV)Leer el capítulo completo →

Elías acababa de ver a Dios responder con fuego en el monte Carmelo. Días después huía para salvar su vida, se sentó bajo un arbusto y pidió morir. El agotamiento, el miedo y la soledad habían derrumbado su visión. Fíjate cómo responde Dios: no con un reproche, sino con sueño, comida, agua y otro descanso. Solo después habla, no en el viento, el terremoto ni el fuego, sino en un suave susurro. La fortaleza espiritual y el cuidado físico están unidos. Si has caído en un bajón tras un gran esfuerzo o una temporada dura, el primer paso puede ser descansar, comer y hablar con alguien. Si te sientes sin esperanza o surgen pensamientos de hacerte daño, comunícate hoy con un médico, un consejero, un pastor de confianza o la línea de crisis de tu localidad. Dios suele encontrarnos por medio de esas personas. Hoy haz una cosa amable por tu cuerpo.

Oración

Señor, encuéntrame en mi cansancio con tu cuidado tierno y guíame a personas que puedan ayudarme. Amén.

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