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Devocional diario · 19 de noviembre

Ana derrama su corazón

“Una tarde en Siló, después de la cena, Ana fue al santuario. Elí el sacerdote estaba sentado en el lugar acostumbrado junto a la entrada. Ella estaba profundamente angustiada y clamaba con amargura mientras oraba al Señor. E hizo este voto: «Oh Señor, Dios Todopoderoso, si miras mi dolor y respondes a mi oración dándome un hijo, yo te lo devolveré y será tuyo por toda su vida, y jamás será cortado su cabello». Como Elí vio que Ana prolongaba mucho su oración y que movía los labios sin emitir sonido, pensó que estaba ebria. ―¿Cómo te atreves a venir aquí borracha? —le dijo—. ¡Deja ya tu borrachera! ―No, señor —contestó ella—, no estoy ebria; es que estoy muy triste y estaba derramando las penas de mi corazón delante del Señor. No pienses que soy una borracha. ―En ese caso —dijo Elí—, alégrate, y que el Dios de Israel conceda tu petición, cualquiera que sea. ―¡Oh, gracias, señor! —exclamó ella, y regresó muy alegre y comenzó a comer nuevamente. El día siguiente toda la familia se levantó temprano y fueron al santuario a adorar al Señor una vez más. Entonces regresaron a su hogar en Ramá, y cuando Elcaná durmió con Ana, el Señor se acordó de su petición. Pasado el tiempo, ella tuvo un hijo. Y le puso Samuel (Pedido a Dios) porque, como ella dijo: «Se lo pedí al Señor».”
1 Samuel 1:9-20 (NBV)Leer el capítulo completo →

Ana está desconsolada tras años de anhelar un hijo, y va al templo a orar. Está tan absorta y en tanto silencio que el sacerdote Elí piensa que ha bebido. Ella le explica que solo estaba derramando su alma delante del Señor. Elí entonces la bendice, y ella se va con el rostro ya no abatido. Fíjate en que sus circunstancias aún no habían cambiado, pero su carga había sido compartida. Dios acoge la oración sin pulir y con lágrimas. No necesitas las palabras correctas ni una voz serena. Hoy busca unos minutos de calma para contarle a Dios con honestidad aquello que has deseado o por lo que has llorado, sin editarte. Al terminar, pídele que te ayude a descansar en su cuidado. Considera también compartir la carga con un amigo de confianza o un pastor, como Ana lo hizo con Elí.

Oración

Señor, derramo mi corazón ante Ti tal como está. Toma lo que no puedo cargar y dame descanso. Amén.

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