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Acerca de este libro: 1 Samuel

Primero de Samuel cuenta cómo Israel pasó del gobierno disperso de los jueces a la monarquía, a través de tres hombres. Comienza con Ana, una mujer sin hijos que ora con angustia y entrega a su hijo Samuel a Dios. Samuel crece hasta ser un profeta que oye la voz de Dios, mientras el sacerdocio de Elí se derrumba y el arca del pacto es capturada. Cuando el pueblo exige un rey como el de las demás naciones, Dios lo concede y Saúl es ungido. Saúl comienza bien, pero una y otra vez falla en obedecer, y Dios envía a Samuel a ungir a un joven pastor, David, que derrota a Goliat y gana el corazón del pueblo. Los celos de Saúl llevan a David a años de huida, aunque dos veces se niega a hacerle daño al rey. El libro termina con la muerte de Saúl en batalla. Su pregunta constante es qué clase de líder sigue a Dios: el que luce imponente o aquel cuyo corazón se vuelve hacia él.

Autor
Desconocido; la tradición vincula el material con Samuel, Natán y Gad, y los eruditos piensan que fue recopilado después a partir de fuentes anteriores.
Fecha
Los hechos abarcan aproximadamente de 1100 a 1010 a. C.; la mayoría de los eruditos sitúa la forma final entre la monarquía unida y el exilio.
Destinatarios
Israel, incluidas las generaciones posteriores que se preguntaban cómo debía gobernar un rey bajo el mando de Dios.

Temas

La oración respondidaObediencia más que ritualDios mira el corazónLiderazgo y realezaAmistad fiel

Esquema

  1. 1:1–2:11La oración de Ana y el nacimiento de Samuel
  2. 2:12–4:22La casa de Elí cae y el arca es capturada
  3. 5:1–7:17El arca regresa y Samuel gobierna
  4. 8:1–12:25Israel pide un rey y Saúl es ungido
  5. 13:1–15:35La desobediencia y el rechazo de Saúl
  6. 16:1–17:58David es ungido y se enfrenta a Goliat
  7. 18:1–27:12Saúl persigue a David, que no toma venganza
  8. 28:1–31:13La última batalla y la muerte de Saúl

Versículos clave

Sobre este capítuloAna, una de las dos esposas de Elcana, no tiene hijos y está profundamente afligida, provocada por su rival Penina. En Silo ora en silencio y con lágrimas, prometiendo que si Dios le da un hijo, lo devolverá al Señor de por vida. El sacerdote Elí, al ver moverse sus labios, piensa primero que está ebria, y luego la bendice cuando ella le explica. Se va en paz, y a su tiempo da a luz a Samuel. Después de destetarlo, lo lleva a Silo y lo deja con Elí, diciendo que lo ha prestado al Señor. El capítulo muestra una oración sincera y una gratitud costosa.

Ana, una de las dos esposas de Elcana, no tiene hijos y está profundamente afligida, provocada por su rival Penina. En Silo ora en silencio y con lágrimas, prometiendo que si Dios le da un hijo, lo devolverá al Señor de por vida. El sacerdote Elí, al ver moverse sus labios, piensa primero que está ebria, y luego la bendice cuando ella le explica. Se va en paz, y a su tiempo da a luz a Samuel. Después de destetarlo, lo lleva a Silo y lo deja con Elí, diciendo que lo ha prestado al Señor. El capítulo muestra una oración sincera y una gratitud costosa.

Temas

  • La oración de Ana
  • Dios oye a la estéril
  • Un voto cumplido

Versículos clave

Biblia en audio · 1 Samuel 1

Escucha mientras haces tus cosas.

1 Samuel 1

Nueva Biblia Viva26 versículos · 3 min de lectura

Nueva Biblia Viva © Biblica, Inc. — CC BY-SA 4.0

1Elcaná era un hombre de la tribu de Efraín que vivía en Ramatayin de Zofim, en la región montañosa de Efraín. Su padre se llamó Jeroán; su abuelo, Eliú; su bisabuelo, Tohu, y su tatarabuelo, Zuf. 2Tenía dos esposas, Ana y Penina. Penina tenía hijos, pero Ana no. 3Cada año Elcaná y su familia viajaban al santuario en Siló para adorar al Señor Todopoderoso y ofrecerle sacrificios. En aquel tiempo oficiaban como sacerdotes los dos hijos de Elí, Ofni y Finés. 4El día que ofrecía sacrificio, Elcaná celebraba la ocasión dando porciones de la carne a Penina y a sus hijos e hijas. 5A Ana le daba una porción especial, pues la amaba mucho, a pesar de que el Señor no le había concedido tener hijos. 6Penina empeoraba la situación burlándose de Ana a causa de su esterilidad. 7Todos los años era igual: Penina se burlaba y se reía de ella cuando iban a Siló, y la hacía llorar tanto que Ana no podía comer. 8«¿Qué pasa, Ana? —le preguntaba Elcaná—, ¿por qué no comes? ¿Por qué te afliges tanto por no tener hijos? ¿No es mejor tenerme a mí que tener diez hijos?». 9Una tarde en Siló, después de la cena, Ana fue al santuario. Elí el sacerdote estaba sentado en el lugar acostumbrado junto a la entrada. 10Ella estaba profundamente angustiada y clamaba con amargura mientras oraba al Señor. 11E hizo este voto: «Oh Señor, Dios Todopoderoso, si miras mi dolor y respondes a mi oración dándome un hijo, yo te lo devolveré y será tuyo por toda su vida, y jamás será cortado su cabello». 12Como Elí vio que Ana prolongaba mucho su oración y que movía los labios sin emitir sonido, pensó que estaba ebria. 14―¿Cómo te atreves a venir aquí borracha? —le dijo—. ¡Deja ya tu borrachera! 15―No, señor —contestó ella—, no estoy ebria; es que estoy muy triste y estaba derramando las penas de mi corazón delante del Señor. No pienses que soy una borracha. 17―En ese caso —dijo Elí—, alégrate, y que el Dios de Israel conceda tu petición, cualquiera que sea. 18―¡Oh, gracias, señor! —exclamó ella, y regresó muy alegre y comenzó a comer nuevamente. 19El día siguiente toda la familia se levantó temprano y fueron al santuario a adorar al Señor una vez más. Entonces regresaron a su hogar en Ramá, y cuando Elcaná durmió con Ana, el Señor se acordó de su petición. 20Pasado el tiempo, ella tuvo un hijo. Y le puso Samuel (Pedido a Dios) porque, como ella dijo: «Se lo pedí al Señor». 21Al año siguiente, Elcaná y Penina y sus hijos fueron a ofrecer el sacrificio anual al santuario, 22pero Ana no fue esa vez porque le dijo a su marido: ―Espera hasta que el niño haya sido destetado. Entonces yo lo llevaré y lo dejaré allí para siempre. 23―Bien, haz lo que te parezca mejor —contestó Elcaná—. Quédate hasta que destetes al niño, y que el Señor vea el cumplimiento de tu voto. Así que se quedó en casa hasta que destetó al niño. 24Entonces, aunque era muy pequeño, lo llevaron al santuario en Siló, juntamente con un becerro de tres años para el sacrificio y veinticuatro kilos de harina y un odre de vino. 25Después del sacrificio llevaron al niño ante la presencia de Elí. 26«Señor, ¿te acuerdas de mí? —le preguntó Ana—. Yo soy la mujer que estuvo aquí hace algún tiempo orando al Señor. 27Le pedí a él que me diera un hijo, y él ha respondido a mi petición. 28Ahora lo traigo para entregarlo al Señor para toda la vida». Y adoraron allí al Señor.
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