Devocional diario · 2 de diciembre
Esperar más que los centinelas al amanecer
“¡Señor, desde lo profundo de mi desesperación clamo a ti pidiendo ayuda! Escucha mi lamento, Señor. Atiende mi oración. Si tú tomaras en cuenta nuestros pecados ¿quién, Señor, podría seguir vivo? Pero tú ofreces perdón, para que aprendamos a temerte. Yo espero en el Señor; sí, espero en él. He puesto mi esperanza en su palabra. Espero al Señor, más que los centinelas al amanecer; sí, más que los centinelas esperan al amanecer. Oh Israel, espera en el Señor porque en él hay amor inagotable, y abundante salvación. Él mismo rescatará a Israel de las cadenas del pecado.”
Este salmo comienza en el lugar más profundo, un clamor desde el abismo, y termina en una esperanza firme. En medio, el autor hace dos cosas: confiesa que nadie podría mantenerse en pie si Dios llevara un registro estricto de las faltas, y espera. Compara su espera con la de los centinelas nocturnos que miran el horizonte buscando el primer gris de la mañana. Ellos saben que el amanecer es seguro; solo se preguntan cuándo. Esa es la espera del Adviento: no un deseo vago, sino una confianza expectante en un Dios que perdona y rescata. Observa que el perdón llega antes que la esperanza. Esperamos mejor cuando no arrastramos una culpa escondida. Hoy pon nombre a algo que has cargado en silencio, llévalo a Dios con palabras sencillas y recibe la misericordia que promete el salmo. Después elige una forma concreta de esperar con esperanza, como leer este salmo despacio esta noche, y deja que tu corazón se incline hacia la mañana.
Oración
Padre, te espero más que los centinelas al amanecer. Perdóname y lléname de esperanza. Amén.

