Devocional diario · 22 de febrero
Lo que sí tengo
“En cierta ocasión, Pedro y Juan fueron al templo a orar. Era como a las tres de la tarde. Allí vieron a un lisiado de nacimiento, a quien todos los días traían y colocaban junto a la puerta del templo llamada la Hermosa, para que pidiera limosna. Cuando el lisiado vio a Pedro y Juan que iban a entrar al templo, les pidió dinero. Los apóstoles lo miraron fijamente. ―¡Míranos! —le dijo Pedro. El lisiado los miró con ansiedad, esperando recibir una limosna. ―No tengo dinero que darte —continuó Pedro—. Pero te daré lo que tengo. ¡En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina! Entonces Pedro lo tomó de la mano y lo levantó. Al instante, los pies y los tobillos se le fortalecieron a tal grado que se levantó de un salto y comenzó a andar. Más tarde, entró al templo con ellos, saltando y alabando a Dios. Toda la gente lo vio caminando y alabando a Dios, y reconocieron que era el lisiado que estaban acostumbrados a ver en el templo, junto a la Hermosa, y se quedaron asombrados.”
Un hombre que nunca había caminado pidió limosna a Pedro y a Juan en la puerta del templo. Pedro lo miró directamente, un pequeño gesto de dignidad, y dijo que no tenía plata ni oro, pero que le daría lo que sí tenía: en el nombre de Jesús, le mandó caminar. Pedro lo tomó de la mano y lo levantó, y el hombre entró al templo saltando y alabando a Dios. Con frecuencia decimos que no tenemos nada que dar: ni tiempo, ni dinero, ni talento. La historia de Pedro nos recuerda mirar lo que sí tenemos. Puede ser atención, un oído que escucha, una habilidad, una oración o una mano extendida. Hoy pregunta a Dios qué puedes ofrecer a una persona que pide ayuda, aunque sea en silencio. Mírala a los ojos y da lo que tienes.
Oración
Señor, muéstrame lo que tengo para dar y ayúdame a darlo con amor en tu nombre. Amén.

