Devocional diario · 27 de julio
Manos sostenidas
“Los amalecitas salieron a pelear contra el pueblo de Israel en Refidín. Entonces Moisés le ordenó a Josué: «Escoge a algunos hombres, y sal con ellos a pelear contra el ejército de Amalec. Mañana yo me pararé en la cumbre de la colina con la vara de Dios en mis manos». Josúe y sus soldados salieron a presentar batalla al ejército de Amalec. Moisés, Aarón y Jur subieron a la cumbre de la montaña. Mientras Moisés mantenía los brazos en alto, Israel ganaba, pero cuando los bajaba, entonces los amalecitas comenzaban a ganar terreno. Finalmente, Moisés sintió tanto cansancio que no podía tener los brazos más tiempo en alto. Entonces Aarón y Jur le pusieron una piedra para que él se sentara, y ellos se pusieron a sus lados, sosteniendo sus brazos en alto hasta la puesta del sol. Como resultado, Josué y sus soldados derrotaron al ejército de Amalec a filo de espada.”
Israel peleaba contra Amalec en el valle mientras Moisés estaba en la cima de un monte con la vara de Dios en las manos. Mientras sus brazos permanecían en alto, Israel prevalecía; cuando los bajaba, el enemigo avanzaba. Pero los brazos se cansan. Así que Aarón y Hur buscaron una piedra para que Moisés se sentara y se pusieron a sus lados, sosteniéndole las manos hasta la puesta del sol. Nadie en esta historia ganó solo. El líder necesitó ayudantes, y los ayudantes hicieron un trabajo callado, físico y sin brillo. A menudo imaginamos la fe como algo personal y privado, pero Dios usa con frecuencia a otras personas para sostenernos cuando no podemos sostenernos solos. Hoy piensa en alguien cuyos brazos se están cansando, quizá un padre, un pastor o un amigo en una lucha larga. Haz algo concreto para apoyarlo y, si el cansado eres tú, pide ayuda.
Oración
Señor, levanta mis brazos cuando esté cansado y úsame para levantar los de otro.

