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Devocional diario · 3 de abril

El amor se arrodilla

“La fiesta de la Pascua se acercaba. Jesús sabía que había llegado la hora de dejar este mundo para reunirse con el Padre. Él había amado a los suyos que estaban en el mundo, y los amó hasta el fin. Antes de llegar la hora de la cena, el diablo ya había hecho que Judas Iscariote se decidiera a traicionar a Jesús. Jesús sabía que el Padre le había dado autoridad sobre todas las cosas, y que él había venido de Dios y a Dios iba a regresar, así que se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y se puso a lavarles los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla. Cuando llegó a Simón Pedro, este le dijo: ―Señor, ¿vas tú a lavarme los pies a mí? Jesús le respondió:―Ahora no entiendes por qué lo hago, pero más tarde lo entenderás. Pedro dijo: ―¡No! ¡Jamás dejaré que me laves los pies! Jesús le respondió:―Si no te los lavo, no serás uno de los míos. Simón Pedro le dijo: ―¡Señor, entonces no sólo los pies sino también las manos y la cabeza! Jesús le contestó:―El que está recién bañado no necesita lavarse más que los pies, pues está completamente limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos. Jesús sabía quién lo iba a traicionar, y por eso dijo que no todos estaban limpios. Después de lavarles los pies, se puso el manto y otra vez se sentó. Entonces les preguntó:―¿Entienden ustedes lo que les he hecho? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen la verdad porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes.”
Juan 13:1-15 (NBV)Leer el capítulo completo →

La noche antes de su muerte, Jesús hizo el trabajo del siervo más humilde: tomó una toalla, se arrodilló y lavó los pies de sus discípulos. Juan nos dice que sabía que el Padre le había dado todas las cosas, y por eso mismo pudo agacharse tanto. La verdadera seguridad no necesita demostrarse; sirve. Fíjate en que Jesús lavó incluso los pies del que lo traicionaría y del que lo negaría. Su amor no esperó a que lo merecieran. Luego pidió a sus amigos que hicieran lo mismo unos por otros. Hoy piensa en una persona cuya carga podrías aligerar de forma práctica y discreta: unos platos lavados, un aventón, una tarea que tomas tú. Hazlo sin anunciarlo y deja que la humildad sea tu manera de decir te quiero.

Oración

Jesús, enséñame a servir en silencio y a amar sin llevar cuentas. Amén.

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