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Devocional diario · 4 de abril

No mi voluntad, sino la tuya

“Jesús salió de la ciudad acompañado por sus discípulos y se dirigió al monte de los Olivos, como era su costumbre. Cuando llegaron al lugar, les dijo:«Oren para que no caigan en tentación». Entonces se alejó de ellos a una buena distancia, se arrodilló y se puso a orar: «Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo. Pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres». En ese momento, un ángel del cielo se le apareció para darle fortaleza. Estaba tan angustiado, que se puso a orar con más intensidad, y su sudor caía a tierra como grandes gotas de sangre. Cuando terminó de orar, volvió adonde estaban los discípulos y los encontró dormidos, estaban agotados por la tristeza. Les dijo:«¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para que no caigan en tentación».”
Lucas 22:39-46 (NBV)Leer el capítulo completo →

En Getsemaní, Jesús no finge estar tranquilo. Lucas lo describe orando con tanta angustia que su sudor caía como gotas de sangre, y le pregunta al Padre si esa copa puede pasar. Luego añade la frase que lo cambia todo: no se haga mi voluntad sino la tuya. Llevar a Dios nuestros sentimientos reales no es falta de fe; Jesús lo hizo. Y rendirse no significa no sentir nada. Significa decir la verdad sobre el miedo y aun así elegir confiar. Un ángel vino a fortalecerlo, y la ayuda suele llegar en medio de la lucha, no antes. Hoy, si enfrentas algo que temes, ora primero la versión sincera y luego ponlo en manos de Dios con tus propias palabras. Si el peso es demasiado, cuéntaselo también a un pastor o a un amigo para no cargarlo solo.

Oración

Padre, te traigo mi miedo con sinceridad. Ayúdame a confiar en ti y a decir sí a tu voluntad. Amén.

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