“Bastó que hablara, y se formaron los cielos; que soplara para que se formaran todas las estrellas. Él puso límites a los mares y encerró los océanos en su gran estanque. Que todos en el mundo teman al Señor, y ante él sientan sobrecogido respeto. Porque bastó que hablara, y surgió el mundo. ¡A su mandato, apareció!”
El salmista dice que los cielos y los mares surgieron solo por la palabra de Dios. No hizo falta esfuerzo alguno; su orden bastó.

