La noche antes de morir, en un huerto de olivos a las afueras de Jerusalén, Jesús oró rostro en tierra y llamó a Dios Abba (Marcos 14:36). Marcos conserva la palabra aramea, la palabra de casa con la que un hijo llamaba a su padre. No era lenguaje de bebé, como a veces se dice, pero sí de una cercanía sorprendente, y Pablo dice después que el Espíritu enseña a cualquier creyente a orar así (Romanos 8:15).

Esa sola palabra resume casi todo lo que Jesús enseñó sobre la oración. No repartió una técnica. Describió una relación y luego la mostró con su forma de vivir.

Jesús mismo oraba

Los evangelios muestran a Jesús orando una y otra vez. En una escena temprana se levanta mucho antes de que amanezca para ir a un lugar tranquilo a orar, después de una noche en que todo el pueblo se había juntado a su puerta (Marcos 1:32). Antes de elegir a sus doce seguidores más cercanos, pasó una noche entera en oración (Lucas 6:12). En su última noche oró en Getsemaní, preguntándole con franqueza a su Padre si podía librarlo del sufrimiento que venía, y luego confió en él con la respuesta (Marcos 14:32). Lucas cuenta que sus discípulos le pidieron que les enseñara a orar después de verlo orar a él (Lucas 11:1).

Vale la pena notar el patrón. Para Jesús, la oración no era el último recurso ni un rito para días especiales. Era el lugar cotidiano donde se acercaba a Dios, sobre todo cuando la vida pesaba.

No es un espectáculo

Jesús fue directo con la religión de vitrina. Advirtió contra orar en las esquinas para que la gente te admire, y dijo que mejor entraras a tu cuarto y cerraras la puerta. También advirtió contra amontonar palabras, como si a Dios hubiera que desgastarlo para que escuche (Mateo 6:5). Su razón es que Dios ya sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos.

Si Dios ya lo sabe, ¿para qué orar? Los cristianos han respondido que orar no es informar a Dios, sino confiar en él, ser sinceros con él y dejar que la conversación nos cambie. Un niño le cuenta a su papá lo que trae en la cabeza, no porque el papá lo ignore, sino porque eso es lo que significa la cercanía.

El Padrenuestro

Un día uno de sus discípulos le pidió que les enseñara a orar, y Jesús les dio una oración breve (Lucas 11:1). Mateo recoge una versión un poco más amplia dentro del Sermón del Monte (Mateo 6:9). Los cristianos la llaman el Padrenuestro. Su estructura es fácil de recordar:

  • Empieza por Dios. Le hablas como Padre y te importan primero su nombre y sus propósitos.
  • Pide lo necesario para hoy. El pan de este día, no provisiones para toda la vida.
  • Pide perdón y lo ofrece. Ser perdonado y perdonar a otros van unidos.
  • Pide protección. En la hora de la prueba y frente al mal, o frente al maligno; el griego admite las dos lecturas.

El final conocido sobre el reino, el poder y la gloria no aparece en los manuscritos más antiguos de Mateo. Se añadió muy pronto en el culto cristiano, y una forma más breve ya está en la Didajé, un manual de la iglesia de hacia el año 100. Por eso unas iglesias lo dicen y otras no, y por eso en la misa católica se dice después de una breve oración del sacerdote y no seguido. Muchos cristianos rezan estas palabras tal como están escritas. Otros las usan como esquema para decirlo con sus propias palabras. Las dos formas son bienvenidas.

Sigue pidiendo

Jesús contó dos historias para animar a perseverar. En una, un hombre toca a medianoche la puerta de un amigo para pedirle pan porque le llegó una visita, y el amigo termina levantándose, no por amistad, sino porque el otro no tiene vergüenza de insistir (Lucas 11:5). En otra, que según Lucas se contó para que la gente orara siempre sin desanimarse, una viuda vuelve una y otra vez ante un juez injusto hasta que él actúa (Lucas 18:1). No se trata de que Dios sea como un vecino de mal humor o un juez corrupto. Es al revés: si hasta ellos responden, cuánto más un Padre bueno. Jesús lo dice tal cual, comparando a Dios con un padre que da cosas buenas a sus hijos (Mateo 7:7).

Esto no significa que toda petición se conceda como la hicimos. Los cristianos llevan dos mil años lidiando con la oración sin respuesta. El mismo Jesús pidió que se apartara de él la copa del sufrimiento y luego puso la voluntad de su Padre por encima de la suya (Marcos 14:32). La mayoría de los cristianos diría que la oración no es un medio para conseguir lo que queremos, sino para aprender a querer lo bueno, con la confianza de que somos escuchados.

Humilde, no impresionante

Jesús contó la historia de dos hombres que subieron al templo a orar. Uno era religioso y orgulloso, y daba gracias a Dios por ser mejor que los demás. El otro, un cobrador de impuestos, apenas se atrevía a levantar los ojos y solo pidió misericordia. Jesús dijo que este segundo regresó a casa en paz con Dios (Lucas 18:9). Si te da miedo orar mal, esta historia es para ti. Una frase corta y sincera no es una oración de menor valor.

Perdón y oración en comunidad

Jesús unió la oración con la manera en que tratamos a la gente. Dijo que si al ponerte a orar recuerdas que tienes algo contra alguien, lo sueltes (Marcos 11:25). También prometió estar presente aun en el grupo más pequeño de sus seguidores que se reúne y se pone de acuerdo en su nombre (Mateo 18:19). El contexto es una comunidad que resuelve un conflicto, pero los cristianos lo han tomado desde siempre como una razón para orar con otros y no solo a solas.

Orar en el nombre de Jesús

En el evangelio de Juan, Jesús les dice a sus seguidores que pidan en su nombre (Juan 14:13). Los cristianos no lo entienden como una frase mágica que se agrega al final. Significa orar como su pueblo, conforme a su carácter, confiando en el acceso al Padre que él abrió. Por eso muchas oraciones terminan con el nombre de Jesús y con amén, una palabra hebrea que quiere decir más o menos «así sea» o «de veras».

Cómo empezar

No hay postura ni lenguaje obligatorios. Puedes sentarte, arrodillarte, caminar o acostarte, en voz alta o en silencio. Una forma sencilla de empezar es decir por qué estás agradecido, decir qué te preocupa y pedir ayuda con una sola cosa de hoy. Si las palabras no salen, puedes comenzar con el Padrenuestro y dejar que te lleve. Nadie te está calificando.

Si quieres una semana guiada, el plan de lectura que aparece abajo recorre la oración tal como Jesús la enseñó. Y si nunca has orado, hacerlo con sinceridad, diciendo que te gustaría conocerlo, es un comienzo real. Jesús prometió que quien busca, encuentra (Mateo 7:7).

Si quieres un paso para hoy: esta noche, antes de dormir, reza el Padrenuestro despacio, una línea a la vez, y después de cada una dile a Dios algo tuyo.