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Guía por tema · 15 versículos

Versículos de la Biblia sobre Las promesas de Dios

Una promesa vale lo que vale quien la hace. La Escritura vuelve una y otra vez a la misma afirmación: Dios dice lo que hará y luego lo hace, a veces después de siglos. Estos pasajes muestran a un Dios cuya palabra se sostiene, una larga cadena de promesas que encuentran su respuesta en Cristo y seguridades para los días comunes. Algunas promesas se hicieron a un pueblo concreto en un momento concreto, así que conviene leer cada una en su contexto antes de aplicarla a tu vida. Empieza por lo que Dios ya cumplió y deja que eso te dé ánimo para lo que todavía esperas.

Dios cumple su palabra

“Dios no es hombre para que mienta; él no se arrepiente como los hombres. ¿Ha prometido alguna vez sin cumplir lo que ha dicho?”

A diferencia de una persona, Dios no miente ni se arrepiente de lo que ha prometido. La declaración viene de una fuente inesperada: un profeta contratado para maldecir a Israel.

“De este modo el Señor le dio a Israel toda la tierra que le había prometido a sus antepasados, y ellos entraron y la conquistaron, y vivieron allí. Y el Señor les dio paz, como lo había prometido, y nadie pudo hacerles frente. El Señor les ayudó a destruir a todos sus enemigos. Cada cosa buena que les había prometido se cumplió.”

Cuando Israel se establece en la tierra, el escritor resume que todo lo bueno que Dios había prometido se cumplió. Es una mirada atrás que mide la promesa por su resultado.

“«Bendito sea el Señor, que ha cumplido su promesa y ha dado reposo a su pueblo Israel; ni una palabra ha dejado de cumplir de todas las maravillosas promesas dadas por su siervo Moisés.”

Salomón bendice al pueblo en la dedicación del templo señalando que ninguna de las buenas promesas de Dios por medio de Moisés había fallado. La alabanza se apoya aquí en un historial.

“Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y permanecen en la tierra para regarla, haciendo que la tierra dé grano y produzca semilla para el sembrador y pan para el hambriento, así es mi palabra. Yo la envío y siempre produce fruto. Realiza cuanto yo quiero y prospera en dondequiera la envíe.”

Dios compara su palabra con la lluvia y la nieve que riegan la tierra y no regresan vacías. Lo que él dice sale y logra aquello para lo cual lo envió.

Promesas que hallan su sí en Cristo

“El Señor le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus familiares y la casa de tu padre, y vete a la región que te voy a mostrar. Te voy a convertir en una nación muy grande; te voy a bendecir, y te haré un hombre muy famoso. ¡Serás de bendición para muchas personas! A los que te bendigan, yo los bendeciré; pero a quienes te maldigan, yo los maldeciré. ¡Por medio de ti, yo bendeciré a todos los pueblos del mundo!».”

Dios llama a Abram y le promete tierra, una gran familia y bendición para todas las naciones por medio de él. Es la semilla de toda la historia bíblica.

“En la promesa que Dios hizo a Abraham, Dios juró por sí mismo, ya que no había nombre mayor por el cual jurar. Y dijo: «En verdad te bendeciré abundantemente y te multiplicaré en gran manera». Abraham esperó con paciencia hasta que un día Dios cumplió su promesa. Cuando una persona jura, lo hace apelando a alguien superior a ella misma. Un juramento pone fin a cualquier controversia. Dios se ató a un juramento para que los herederos de la promesa estuvieran absolutamente seguros de su cumplimiento, y que supieran que nada cambiaría el juramento. De estas dos cosas que no pueden cambiarse y en las que es imposible que Dios mienta, recibimos un gran consuelo los que ahora acudimos a él en busca de su protección y confiados en la esperanza que nos ha dado.”

Como no había nadie mayor por quien jurar, Dios juró por sí mismo y nos dio dos cosas inmutables como ancla de nuestra esperanza. El pasaje ofrece fuerte aliento a quienes corren a él en busca de refugio.

“Él hace lo que dice y cumple las promesas de Dios. Y nosotros, por medio de Cristo, respondemos «amén», para gloria de su nombre.”

Pablo dice que todas las promesas que Dios ha hecho reciben su sí en Cristo. Jesús es el lugar donde las promesas quedan confirmadas.

“Ahora todos ustedes son hijos de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que han sido bautizados en Cristo, se han revestido de él. Ya no importa si eres judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer. Todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. Y si ustedes son de Cristo, son la verdadera descendencia de Abraham y herederos de las promesas que Dios le hizo.”

Quienes pertenecen a Cristo son contados como familia de Abraham y herederos de la promesa, sea cual sea su origen. La promesa alcanza mucho más allá de una sola nación.

“Dios en su gran poder nos ha concedido lo que necesitamos para llevar una vida piadosa. ¡Lo hizo cuando conocimos a Aquel que nos llamó por su propia gloria y excelencia! Dios nos ha dado preciosas y grandísimas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción de este mundo debido a los malos deseos, puedan ser partícipes de la naturaleza divina.”

Pedro llama a las promesas de Dios grandes y preciosas, y dice que permiten participar de su naturaleza divina. Están pensadas para formar lo que llegamos a ser, no solo lo que recibimos.

Promesas para el camino

“Sé fuerte. Sé valiente. No temas delante de ellos porque el Señor tu Dios estará contigo, no te dejará ni te abandonará».”

Moisés le dice a Israel que sea fuerte porque el Señor va con ellos y no los dejará ni los abandonará. Es una promesa de presencia dada justo antes de una transición difícil.

“Ahora, oh Israel, el Señor, quien te creó, dice: ¡No temas, pues yo te rescaté, yo te llamé por tu nombre, eres mío! Cuando pases por aguas profundas de gran tribulación, yo estaré contigo. Cuando pases por ríos no te ahogarás. Cuando pases por fuego no te quemarás, las llamas no te consumirán.”

Dios habla a su pueblo por su nombre y promete estar con ellos en medio del agua y del fuego. No dice que las pruebas no llegarán, sino que no se enfrentarán a solas.

“La verdad es esta: Pasarán en Babilonia setenta años. Pero entonces vendré y haré por ustedes todas las cosas buenas que he prometido y los conduciré de regreso a su patria. Pues conozco los planes que para ustedes tengo, dice el Señor. Son planes de bien y no de mal, para darles un futuro y una esperanza. En aquellos días cuando oren, yo escucharé. Me hallarán cuando me busquen, si con toda sinceridad me buscan. »Sí, dice el Señor, me hallarán y yo pondré fin a su esclavitud y restauraré su fortuna y los reuniré de entre las naciones a donde los esparcí y los traeré de regreso a su casa y a su patria.”

Escrita a los exiliados en Babilonia, esta promesa de futuro y de regreso venía con una espera de setenta años. Nos recuerda que las promesas de Dios suelen llegar en un calendario más largo del que esperamos.

“y enséñenles a obedecer los mandamientos que les he dado. De una cosa podrán estar seguros: Estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.”

Jesús cierra el Evangelio prometiendo estar con sus seguidores todos los días hasta el fin de los tiempos. La última palabra es presencia, no una regla.

“Estoy convencido de que nada podrá apartarnos de su amor; ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los demonios, ni lo presente, ni lo que está por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni cosa alguna de toda la creación. ¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha demostrado en Cristo Jesús, nuestro Señor!”

Pablo enumera las amenazas que parecerían lo bastante fuertes para separarnos de Dios y declara que ninguna puede. La promesa es que su amor se mantiene firme.

“El que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día en que Jesucristo regrese. De esto estoy seguro.”

Pablo confía en que quien comenzó una buena obra en los creyentes la llevará a término. El crecimiento depende en última instancia de la fidelidad de Dios y no de nuestra constancia.

Una oración breve

Padre, gracias porque tu palabra no falla. Ayúdame a recordar lo que ya has hecho y a confiarte lo que aún espero. Amén.

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