Sobre este capítuloEl libro termina con los últimos reyes de Judá, que hacen el mal, mientras el pueblo y los sacerdotes multiplican su infidelidad a pesar de las repetidas advertencias de profetas enviados por compasión de Dios. El ejército de Babilonia incendia el templo, derriba las murallas de Jerusalén y lleva a los sobrevivientes al exilio, donde la tierra por fin descansa sus sábados descuidados, como dijo Jeremías, por setenta años. Los versículos finales miran hacia adelante: Ciro de Persia, movido por el Señor, anuncia que los desterrados pueden subir y reconstruir el templo. El capítulo cierra la historia de Israel con juicio serio y una nota de esperanza.
El libro termina con los últimos reyes de Judá, que hacen el mal, mientras el pueblo y los sacerdotes multiplican su infidelidad a pesar de las repetidas advertencias de profetas enviados por compasión de Dios. El ejército de Babilonia incendia el templo, derriba las murallas de Jerusalén y lleva a los sobrevivientes al exilio, donde la tierra por fin descansa sus sábados descuidados, como dijo Jeremías, por setenta años. Los versículos finales miran hacia adelante: Ciro de Persia, movido por el Señor, anuncia que los desterrados pueden subir y reconstruir el templo. El capítulo cierra la historia de Israel con juicio serio y una nota de esperanza.
1Entonces el pueblo proclamó rey de Judá a Joacaz hijo de Josías.2Joacaz tenía veintitrés años cuando comenzó a reinar, pero reinó solamente tres meses.3El rey de Egipto lo destronó e impuso un tributo anual a Judá de tres mil trescientos kilos de plata y treinta y tres kilos de oro.4Luego puso a Eliaquín, hermano de Joacaz, como rey de Judá (le cambió el nombre y le puso Joacim). Joacaz fue llevado a Egipto en calidad de prisionero.5Joacim tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén, pero fue un rey malo, pues hizo lo que no le agrada al Señor, su Dios.6Por eso, Nabucodonosor, rey de Babilonia, conquistó Jerusalén y se lo llevó encadenado a Babilonia.7Nabucodonosor también se llevó algunos de los utensilios del templo, y los puso en su propio templo, en Babilonia.8Los demás hechos de Joacim, y todos los males que hizo, están escritos en el libro de los reyes de Judá. Su hijo Joaquín reinó en su lugar.9Joaquín tenía dieciocho años cuando subió al trono, pero sólo alcanzó a reinar tres meses y diez días en Jerusalén. Fue un rey malo, pues hizo lo que no le agrada al Señor.10Por eso, en la primavera de ese año, Nabucodonosor ordenó que lo llevaran a Babilonia. Muchos tesoros del templo también fueron llevados en aquella ocasión. Entonces, el rey Nabucodonosor designó a Sedequías, tío de Joaquín, como rey de Judá.11Sedequías tenía veintiún años cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén.12También fue un mal rey, pues hizo lo que no le agrada al Señor. Se negó a aceptar el consejo que el Señor le envió por medio del profeta Jeremías.13Se rebeló contra Nabucodonosor, aun cuando le había jurado lealtad. Sedequías era un hombre terco y orgulloso; por eso, no quiso volverse al Señor, Dios de Israel.14Todos los personajes importantes de la nación, incluyendo al sumo sacerdote, adoraron los ídolos de las naciones vecinas e hicieron cosas horribles al templo del Señor, que él había escogido como su lugar de adoración.15A pesar de todo, el Señor, Dios de sus padres, que amaba tanto a su pueblo y a su templo, les envió muchos profetas para hacerlos reaccionar.16Pero el pueblo se burlaba de aquellos mensajeros de Dios, es decir, de los profetas, y no tenían respeto por la palabra del Señor. Por eso, llegó el día en que el Señor descargó su ira contra ellos, y ya no hubo más remedio.17El Señor hizo que el rey de Babilonia se levantara en contra de ellos y matara a los jóvenes, a los que siguió aun dentro del templo, sin tener misericordia de jóvenes ni doncellas ni de ancianos. El Señor permitió que todos cayeran en las manos del rey de Babilonia.18El rey de Babilonia tomó todos los utensilios del templo, grandes y pequeños, los tesoros del templo y del palacio y de las casas de los oficiales de Judá, y se los llevó a Babilonia.19Y luego quemó el templo, derribó los muros de Jerusalén, quemó todos los palacios y destruyó todo lo que tenía valor.20Los que sobrevivieron fueron llevados como esclavos a Babilonia, donde quedaron como esclavos del rey y de sus hijos, hasta que el rey de Persia conquistó Babilonia.21De esta manera se cumplió la palabra del Señor, dada por medio de Jeremías. Así, pues, la tierra de Judá disfrutó de su descanso y tuvo paz por setenta años, que fue el tiempo que estuvo abandonada.22Pero en el primer año del reinado de Ciro, rey de Persia, el Señor hizo que el rey promulgara un decreto, tanto de forma oral como por escrito, permitiendo que los cautivos de Judá pudieran regresar a su tierra. De esa manera el Señor cumplió lo que había dicho por medio del profeta Jeremías. Este decreto, que se dio a conocer en todo el imperio persa, decía:23«Yo, Ciro, rey de Persia, declaro que el Señor, Dios del cielo, me dio este imperio y ha puesto sobre mí la responsabilidad de edificarle un templo en Jerusalén, en la tierra de Judá. Todos los judíos del reino pueden ahora volver a Jerusalén, para reedificar el templo del Señor, que es el Dios de Israel y de Jerusalén. Que su bendición esté sobre ustedes».
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