Sobre este capítuloEzequiel ve a veinticinco líderes en la puerta oriental que dan mal consejo, diciendo que la ciudad es una olla y ellos la carne selecta, a salvo dentro. Dios dice que la carne son sus víctimas y que ellos serán expulsados. Cuando Ezequiel profetiza, muere Pelatías, y el profeta cae rostro en tierra, angustiado, preguntando si Dios destruirá a todo el remanente. Dios responde con esperanza: los desterrados, aunque lejos, lo tienen a él como santuario, y él los reunirá, les dará un corazón unido y un espíritu nuevo, y quitará su corazón de piedra. Luego la gloria se alza y sale de la ciudad.
Ezequiel ve a veinticinco líderes en la puerta oriental que dan mal consejo, diciendo que la ciudad es una olla y ellos la carne selecta, a salvo dentro. Dios dice que la carne son sus víctimas y que ellos serán expulsados. Cuando Ezequiel profetiza, muere Pelatías, y el profeta cae rostro en tierra, angustiado, preguntando si Dios destruirá a todo el remanente. Dios responde con esperanza: los desterrados, aunque lejos, lo tienen a él como santuario, y él los reunirá, les dará un corazón unido y un espíritu nuevo, y quitará su corazón de piedra. Luego la gloria se alza y sale de la ciudad.
1Luego el Espíritu me alzó de nuevo y me llevó a la entrada oriental del templo, donde vi a veinticinco de los hombres más prominentes de la ciudad, incluyendo a dos funcionarios, Jazanías, hijo de Azur, y Palatías, hijo de Benaías.2El Espíritu me dijo: «Hombre mortal, estos son los hombres responsables de tanta maldad por todo el consejo perverso que se está dando en esta ciudad, pues ellos dicen al pueblo:3“Ahora es el tiempo de reconstruir Jerusalén, pues nuestra ciudad es tan segura como un escudo de hierro y nos protegerá de todo mal”.4Por lo tanto, hombre mortal, profetiza contra ellos con voz fuerte y clara».5Luego el Espíritu del Señor vino sobre mí y me mandó que dijera: «El Señor dice al pueblo de Israel: “¿Es eso lo que ustedes están diciendo? Sí, yo sé que lo están haciendo, pues yo conozco todo lo que piensan, cada pensamiento que viene a sus mentes.6Ustedes han asesinado sin parar y han llenado sus calles con los muertos de su violencia.7»”Por lo tanto el Señor dice: ¿Ustedes piensan que esta ciudad es tan segura como un escudo de hierro? ¡Pues no lo es, no los protegerá! Sus muertos estarán tendidos adentro, pero ustedes serán arrastrados afuera y ahí los matarán.8Yo los expondré a la guerra que tanto han temido, dice Dios el Señor,9y los tomaré de Jerusalén y los entregaré a extranjeros que ejecutarán mis juicios contra ustedes.10Serán muertos por todo el camino hacia las fronteras de Israel, y entonces comprenderán que yo soy el Señor.11¡No, esta ciudad no será como un escudo de hierro para ustedes, y no estarán seguros dentro de ella! ¡Yo los perseguiré aun hasta las fronteras de Israel!12Y comprenderán que yo soy el Señor, al que ustedes no han querido obedecer, sino que ustedes han preferido imitar a las naciones a su alrededor”».13Mientras aún estaba hablando y contándoles esto, Palatías, hijo de Benaías, murió de repente. Luego me eché con el rostro hasta el suelo y clamé: «¡Oh Señor Dios!, ¿has de matar a todos en Israel?».14De nuevo me vino un mensaje del Señor:15«Hombre mortal, el remanente que queda en Jerusalén está diciendo de tus hermanos que están exiliados: “Ha sido a consecuencia de que eran tan malvados que el Señor los exilió. Ahora el Señor nos ha dado sus tierras a nosotros”.16Pero diles a los exiliados que el Señor Dios dice: “Aunque los he esparcido entre las naciones del mundo, sin embargo, yo seré un santuario para ustedes por el tiempo que estén allí,17y algún día los juntaré de entre las naciones donde están esparcidos y les haré volver de nuevo a la tierra de Israel.18Y cuando vuelvan, quitarán todo rastro de toda esta horrible idolatría que está practicándose en la actualidad.19Les daré un solo corazón y un espíritu nuevo; quitaré sus corazones duros como si fueran de piedra y les daré corazones tiernos llenos de amor hacia Dios20para que puedan seguir con gusto mis instrucciones y ser mi pueblo, y yo seré su Dios.21Pero en cuanto a los que están ahora en Jerusalén, esos que anhelan los ídolos, yo les pagaré en pleno por sus malas conductas, dice el Señor Dios”».22Los querubines desplegaron sus alas y se alzaron en el aire con sus ruedas junto a ellos, y la magnífica presencia del Dios de Israel estaba sobre ellos.23Luego la presencia magnífica del Señor se alzó de encima de la ciudad y se puso sobre la montaña al oriente.24Después el Espíritu de Dios me llevó de vuelta a Babilonia, a los judíos que estaban exiliados allí. Y así concluyó la visión de mi visita a Jerusalén.25Y les conté a los exiliados todo lo que el Señor me había mostrado.
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