El evangelio de Marcos cuenta que Jesús enseñaba a las multitudes con parábolas y que después, a solas, se las explicaba a sus discípulos (Marcos 4:33). Una de esas historias incluso dejó huella en nuestro idioma. En tiempos de Jesús, un talento era una suma de dinero, unos veinte años de salario de un jornalero, y su relato sobre unos siervos a quienes se les confían talentos (Mateo 25:14) es la razón por la que hoy «talento» significa un don o una capacidad. Los estudiosos calculan que cerca de un tercio de su enseñanza en Mateo, Marcos y Lucas está en parábolas.
¿Qué es una parábola?
La palabra griega parabolē significa «poner al lado». Coloca una escena cotidiana junto a una verdad espiritual para que una se vea a través de la otra. Detrás está el hebreo mashal, una palabra mucho más amplia que abarca proverbios, acertijos, refranes y comparaciones. El Antiguo Testamento ya tiene relatos así, como el del profeta Natán sobre un rico que le quita a un pobre su única oveja (2 Samuel 12:1). Las historias de Jesús están llenas del mundo de sus oyentes: semillas, masa de pan, lámparas, deudas, bodas y jornaleros.
Una parábola no es exactamente una alegoría, donde cada detalle representa otra cosa. La mayoría gira en torno a una o pocas ideas centrales, a menudo con un giro que toma por sorpresa al oyente.
¿Por qué enseñaba así?
Una historia pasa por debajo de las defensas. Quien discutiría una afirmación se acerca para oír cómo termina un relato, y lo que uno descubre por sí mismo se queda más tiempo que lo que le explican.
Jesús dijo además algo desconcertante. Cuando sus seguidores le preguntaron por las parábolas, les respondió que a ellos se les había dado el secreto del reino, pero que a los de afuera todo les llegaba en enigmas, y retomó una dura frase de Isaías sobre gente que mira sin ver (Marcos 4:10; Isaías 6:9). Se ha entendido de distintas maneras; para muchos, escuchar de verdad no depende de la inteligencia, sino de la disposición a oír y a seguir. Sea como sea, las parábolas premian una segunda lectura.
Parábolas sobre el amor de Dios
Lucas 15 empieza con unos líderes religiosos que murmuran porque Jesús recibe a pecadores y come con ellos. Él responde con tres historias sobre algo perdido.
- La oveja perdida. Un pastor deja noventa y nueve ovejas para buscar la que se extravió, y luego invita a sus amigos a celebrar (Lucas 15:1).
- El hijo pródigo. El hijo menor derrocha su herencia y regresa con un discurso preparado: espera que lo acepten como un trabajador más. El padre lo ve desde lejos y corre a abrazarlo. El hermano mayor, molesto por la fiesta, no quiere entrar (Lucas 15:11). El relato termina sin decirnos si entra, así que tiene dos hijos perdidos, no uno.
- Los obreros de la viña. Trabajadores contratados a distintas horas reciben todos el pago de un día completo, y las quejas que siguen muestran lo difícil que puede ser aceptar la gracia (Mateo 20:1).
Parábolas sobre cómo tratamos a los demás
- El buen samaritano. Un maestro de la ley pregunta quién es su prójimo. Jesús cuenta de un hombre asaltado y abandonado en el camino: un sacerdote y un levita pasan de largo, y un samaritano, de un pueblo que los oyentes judíos de Jesús miraban con recelo, se detiene a cuidarlo. Al final Jesús pregunta cuál de los tres se portó como prójimo, y así le da la vuelta a la pregunta (Lucas 10:25).
- Las ovejas y las cabras. En esta escena de juicio, dar de comer al hambriento, recibir al forastero y visitar al enfermo y al preso resultan haber sido hechos para el mismo Jesús (Mateo 25:31). Algunos estudiosos la llaman parábola y otros visión profética, pero su mensaje es claro.
- La viuda insistente; el fariseo y el cobrador de impuestos. Dos historias sobre la oración: una sobre no darse por vencido (Lucas 18:1) y otra sobre acercarse a Dios sin apariencias (Lucas 18:9).
Parábolas sobre el reino
Muchas comparan el reino con algo cotidiano. (Mateo suele decir «reino de los cielos»; Marcos y Lucas, «reino de Dios»).
- El sembrador. La semilla cae en el camino, entre piedras, entre espinos y en buena tierra. Trata de cómo recibe la gente el mensaje de Dios, y Jesús se la explica a sus discípulos (Mateo 13:1).
- La semilla de mostaza y la levadura. Una semilla diminuta se vuelve una planta donde anidan las aves, y un poco de levadura fermenta una gran cantidad de harina. El reino empieza pequeño y crece en silencio (Mateo 13:31).
- El tesoro escondido y la perla. Alguien encuentra algo tan valioso que vende con alegría todo lo que tiene para quedarse con ello (Mateo 13:44).
- El trigo y la cizaña. A los siervos se les dice que no arranquen la cizaña antes de tiempo; trigo y cizaña crecen juntos hasta la cosecha, un recordatorio de que no somos los jueces finales (Mateo 13:24).
Parábolas sobre estar preparados
En la de los talentos, cada siervo debe rendir cuentas de lo que hizo con lo que recibió (Mateo 25:14). En la de los dos constructores, una casa sobre la roca y otra sobre la arena enfrentan la misma tormenta (Mateo 7:24). En la del rico y Lázaro, un hombre adinerado banquetea cada día mientras un mendigo hambriento yace a su puerta, y solo después de la muerte ve lo que nunca notó (Lucas 16:19).
Cómo leerlas
- Lee la historia completa y con calma. Pregúntate quiénes son los personajes y dónde está la sorpresa.
- Ponte dentro del relato. ¿Eres el hijo menor, el mayor, el sacerdote, el posadero?
- Busca la idea principal. No todo detalle es un código. Pregúntate qué dice la historia, ante todo, sobre Dios o sobre nosotros.
- Fíjate en el contexto. Lucas suele decir a quién le hablaba Jesús y por qué (Lucas 15:1; Lucas 18:9), y eso cambia el peso de la historia.
Los cristianos no siempre han coincidido en cuánto exprimir los detalles. Agustín leyó al buen samaritano como un mapa de la salvación: el herido es Adán, el samaritano es Cristo, la posada es la iglesia. A fines del siglo XIX, el estudioso alemán Adolf Jülicher sostuvo que cada parábola enseña una sola idea; hoy muchos, como Craig Blomberg, admiten una idea por cada personaje principal. Ambas intuiciones han dado fruto, y ninguna le quita sencillez a lo que estas historias dicen.
Un buen lugar para empezar
Si nunca has leído los evangelios, empieza por el hijo pródigo. Se lee en unos cinco minutos y no requiere conocimientos previos. En una sola escena muestra cómo entendía Jesús a Dios: un padre que vigila el camino, corre y recibe en casa a alguien que no tiene nada que ofrecer.
Para ver cómo encajan estas historias en el panorama completo, la siguiente página trata de lo que Jesús enseñó en general.





