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Sobre este capítuloEn el año en que murió el rey Uzías, Isaías ve al Señor sentado en un trono alto, con el borde de su manto llenando el templo, y a los serafines que se llaman unos a otros proclamando que Dios es santo, santo, santo. Los umbrales tiemblan y el templo se llena de humo. Isaías clama que está perdido, hombre de labios impuros en medio de un pueblo impuro. Un serafín toca sus labios con un carbón encendido y declara quitada su culpa. Cuando el Señor pregunta quién irá, Isaías responde: envíame a mí. Su tarea es dura: el pueblo oirá sin entender, y solo un remanente santo, como un tocón, quedará.

En el año en que murió el rey Uzías, Isaías ve al Señor sentado en un trono alto, con el borde de su manto llenando el templo, y a los serafines que se llaman unos a otros proclamando que Dios es santo, santo, santo. Los umbrales tiemblan y el templo se llena de humo. Isaías clama que está perdido, hombre de labios impuros en medio de un pueblo impuro. Un serafín toca sus labios con un carbón encendido y declara quitada su culpa. Cuando el Señor pregunta quién irá, Isaías responde: envíame a mí. Su tarea es dura: el pueblo oirá sin entender, y solo un remanente santo, como un tocón, quedará.

Temas

  • La santidad de Dios
  • Purificación y llamado
  • Heme aquí, envíame

Versículos clave

Biblia en audio · Isaías 6

Escucha mientras haces tus cosas.

Isaías 6

Nueva Biblia Viva13 versículos · 2 min de lectura

Nueva Biblia Viva © Biblica, Inc. — CC BY-SA 4.0

1¡Yo vi al Señor el año que murió el rey Uzías! Ocupaba un trono sublime, y el templo estaba lleno de su gloria. 2Sobre él revoloteaban poderosos serafines de seis alas. Con dos alas se cubrían el rostro, con otras dos se cubrían los pies y con dos volaban. 3En gran coro antifonal cantaban: ―Santo, Santo, Santo es el Señor Todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria. 4¡Qué tremendo canto! Hizo temblar el templo hasta sus cimientos, y súbitamente todo el santuario se llenó de humo. 5Entonces dije: «¡Esta es mi muerte! Porque soy un pecador de boca impura, miembro de una raza pecadora, de inmunda boca, y sin embargo he mirado al Rey, al Señor Todopoderoso». 6Entonces uno de los serafines voló hacia el altar y con unas tenazas sacó una brasa. 7Con ella me tocó los labios y dijo: ―Con esto se te declara “inocente”, porque esta brasa tocó tus labios. Todos tus pecados quedan perdonados. 8―¿A quién enviaré por mensajero a mi pueblo? ¿Quién irá? —oí al Señor preguntar. Y yo dije: ―Señor ¡yo voy! Envíame a mí. 9Él dijo: ―¡Ve! Pero dile esto a mi pueblo: “Aunque una y otra vez oyen mis palabras, no quieren entenderlas. Por más que me ven hacer milagros repetidas veces, no quieren entender su significado”. 10Quítales la inteligencia, tápales los oídos y ciérrales los ojos. No quiero que vean, oigan ni entiendan, ni que se vuelvan a mí para que los sane. 11Entonces dije: ―Señor, ¿cuánto tiempo pasará antes que estén dispuestos a escuchar? Y él respondió: ―No será sino hasta que sus ciudades sean destruidas y no quede persona con vida, y todo el país esté desolado, 12y todos sean llevados como esclavos a países lejanos, y toda la tierra de Israel quede desierta. 13Pero la décima parte, un remanente, sobrevivirá; y aunque Israel sea invadido y destruido una y otra vez, será como árbol talado que aún conserva vida para retoñar.
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