Marcos, el más breve de los cuatro evangelios, narra unos dieciocho milagros distintos, y solo en el primer capítulo hay tres: un espíritu maligno expulsado en una sinagoga, la suegra de Pedro libre de la fiebre y un hombre con una enfermedad de la piel que queda limpio (Marcos 1:21). Los autores querían que el lector se fijara en esos momentos. Aquí repasamos los tipos principales de milagro que cuentan, para qué dicen que sirvieron y cómo se entienden hoy.

Qué son los milagros en los evangelios

Los evangelios usan varias palabras: maravillas, obras de poder y, sobre todo, señales. Una señal es algo que apunta más allá de sí mismo. El evangelio de Juan lo dice con toda claridad. Casi al final reconoce que Jesús hizo muchas más señales de las que el libro cuenta, y explica que estas se escribieron para que el lector crea que él es el Mesías y tenga vida en él (Juan 20:30). Muchos lectores cuentan siete señales en Juan, empezando por el vino de Caná. Así que la pregunta no es solo “¿qué pasó?”, sino también “¿qué nos muestra esto?”.

Los tipos de milagro

Sanidades. Son los más frecuentes. Jesús se encuentra con un hombre con una enfermedad de la piel que lo dejaba marginado, y el relato subraya que lo toca (Marcos 1:40). Sana a un paralítico que sus amigos bajan por el techo, y el relato une la sanidad con el perdón (Marcos 2:1). Devuelve la vista a un hombre ciego de nacimiento, lo cual desata una larga discusión sobre quién es Jesús en realidad (Juan 9:1). Fíjate en que la sanidad casi siempre devuelve algo más que un cuerpo sano: devuelve un lugar en la comunidad.

Liberación de espíritus malignos. El primer milagro que cuenta Marcos es la expulsión de un espíritu en la sinagoga de Capernaúm, y lo que asombra a la gente no es el espectáculo sino la autoridad con que habla (Marcos 1:21). Los evangelios presentan estos relatos como Jesús liberando a personas de fuerzas que las tenían cautivas, y son de lo que más se recordaba de él.

Poder sobre la naturaleza. Los discípulos están aterrados en una barca durante una tormenta violenta, y Jesús la calma; ellos se quedan preguntándose quién es este hombre (Mateo 8:23). Más tarde camina hacia ellos sobre el agua (Mateo 14:22). En una boda en Caná, al anfitrión se le acaba el vino y Jesús provee en abundancia; Juan lo llama la primera de sus señales (Juan 2:1).

Dar de comer al hambriento. Miles de personas no tienen qué comer, y el almuerzo de un muchacho alcanza para todos y sobra (Juan 6:1). Es un retrato de la generosidad de Dios, y Juan lo enlaza después con la enseñanza de Jesús sobre sí mismo como pan de vida.

Devolver la vida. El hijo único de una viuda vuelve a vivir a la entrada del pueblo de Naín (Lucas 7:11). La hija pequeña de un líder de la sinagoga es restaurada (Marcos 5:21). Y Lázaro, amigo de Jesús, sale del sepulcro después de cuatro días (Juan 11:1). Estos relatos se enfrentan a la muerte misma, y por eso los cristianos los ven como un anticipo de la esperanza de la resurrección.

¿Para qué los hizo Jesús?

Los evangelios dan algunas razones que se repiten.

  • Compasión. Muchos relatos dicen que Jesús se conmovía por lo que veía. La sanidad, a menudo, es simplemente un acto de bondad.
  • Señales del reino. Jesús enseñó que el reinado de Dios estaba irrumpiendo en el mundo. La enfermedad, el hambre y la muerte son justo lo que ese reinado hace retroceder.
  • Quién es él. La tormenta, el vino y la tumba vacía despiertan la pregunta que los discípulos no dejan de hacerse.

También vale la pena notar lo que Jesús no quiso hacer. Cuando algunos le exigieron una prueba espectacular por encargo, se negó (Mateo 12:38). Los milagros nunca se presentan como espectáculo ni como presión.

¿Qué decían sus críticos?

Un detalle histórico interesante es que, según los evangelios, los opositores de Jesús no negaban que sucedieran cosas extraordinarias. Discutían más bien el origen y decían que su poder venía del mal (Marcos 3:22). Dos fuentes ajenas al cristianismo apuntan en la misma dirección. El historiador judío Josefo, hacia el año 93, describe a Jesús como autor de hechos asombrosos; su pasaje sobre Jesús fue ampliado después por copistas cristianos, pero muchos especialistas creen que esa frase es original. Mucho más tarde, el Talmud de Babilonia habla de un tal Yeshu ejecutado la víspera de la Pascua por hechicería, aunque se discute qué relación tiene ese texto con Jesús de Nazaret. Ninguno de los dos escribe como creyente, y eso es justamente lo que los hace interesantes. Los historiadores pueden decir que Jesús tenía fama de sanador y de expulsar espíritus; si esos hechos fueron milagros es una cuestión de cosmovisión y de fe, que el método histórico no puede resolver en ningún sentido.

¿Cómo se leen hoy?

Los cristianos coinciden en lo esencial pero difieren en algunos detalles, y es justo decirlo.

La mayoría de los cristianos a lo largo de la historia ha entendido los milagros como hechos reales en los que Dios actuó. Algunos lectores modernos son más cautelosos: ven los relatos sobre todo como simbólicos, o como recuerdos de sanidades notables que crecieron al contarse, y aun así encuentran en ellos un retrato de quién es Jesús. También hay diferencias sobre si los milagros de este tipo siguen ocurriendo hoy. Algunas tradiciones esperan sanidades como parte normal de la vida de la iglesia; otras creen que esas señales se dieron sobre todo en los comienzos; y muchos están en un punto intermedio: oran por sanidad y confían en Dios sea cual sea el resultado.

Si eres escéptico, ese es un punto de partida razonable. No necesitas resolver todas las preguntas sobre los milagros para seguir leyendo. Mucha gente empieza por la enseñanza y el carácter de Jesús y vuelve a los milagros más adelante.

Lo que los milagros suman

En conjunto, los milagros dicen una sola cosa una y otra vez: lo que está roto puede repararse. Los cuerpos, la mesa, las tormentas e incluso la muerte no quedan fuera del cuidado de Dios. Los evangelios nunca afirman que todos fueron sanados, y son honestos al mostrar que la fe y la duda aparecieron alrededor de Jesús. Pero el patrón es claro: donde él iba, las personas que sufrían eran vistas, tocadas y devueltas a su vida.

Por eso quizá la mejor pregunta no sea solo si estas cosas ocurrieron, sino qué revelan de quien las hizo. Jesús no trata el poder como algo que se exhibe. Lo usa a favor de un hombre al margen del pueblo, una multitud con hambre, una barca asustada, una madre en duelo. El carácter que hay detrás de los milagros es tan impresionante como los milagros mismos.

Si quieres seguir, las parábolas te muestran otra cara de su enseñanza, contada en historias en lugar de señales.