Desde hace casi dos mil años, los cristianos confiesan que Jesús «nació de la virgen María». La frase está en el Credo de los Apóstoles y en el Credo Niceno, que se recitan cada semana en iglesias de todo el mundo. Para algunas personas es un misterio hermoso; para otras, es lo primero que las hace dudar. Aquí explicamos qué dice realmente la Biblia, por qué los cristianos lo creen y por qué importa.
Lo que cuentan los Evangelios
Dos de los cuatro Evangelios narran el nacimiento de Jesús, y los dos dicen con claridad que María lo concibió sin un padre humano.
Mateo lo cuenta desde el lado de José. José estaba comprometido con María cuando se enteró de que ella estaba embarazada y, para no exponerla a la vergüenza, pensó terminar el compromiso en secreto. En un sueño, un ángel le dijo que el niño venía del Espíritu Santo y que recibiera a María como esposa y le pusiera por nombre Jesús. Mateo añade que José no tuvo relaciones con ella antes de que naciera el niño (Mateo 1:18).
Lucas lo cuenta desde el lado de María. El ángel Gabriel visita a una muchacha en el pueblo de Nazaret y le anuncia que tendrá un hijo que será llamado Hijo del Altísimo. María hace la pregunta lógica: ¿cómo puede ser, si nunca ha estado con un hombre? Gabriel le responde que el Espíritu Santo vendrá sobre ella, que el poder de Dios la cubrirá con su sombra y que para Dios no hay nada imposible. La respuesta de María es uno de los momentos más valientes y sencillos de la Escritura: se pone a disposición del Señor como su sierva (Lucas 1:26).
Se nota que los dos relatos son independientes. Comparten muy pocos detalles y cuentan la historia desde puntos de vista distintos, pero coinciden en lo central. Además, Lucas explica al comienzo de su Evangelio que investigó todo con cuidado, a partir de quienes lo vivieron desde el principio (Lucas 1:1).
La profecía de Isaías
Mateo relaciona el nacimiento con una señal dada siglos antes por medio del profeta Isaías: una joven concebiría y daría a luz un hijo llamado Emanuel, que quiere decir «Dios con nosotros» (Isaías 7:14, Mateo 1:22).
Es justo mencionar que aquí hay un debate. La palabra hebrea que usó Isaías suele significar una joven en edad de casarse, y en su contexto original la señal iba dirigida a un rey de la época de Isaías. La antigua traducción griega de Isaías, hecha por sabios judíos antes del nacimiento de Jesús, usó una palabra que normalmente significa virgen. Los cristianos han leído ese pasaje como una promesa con un sentido más pleno, que se cumplió de lleno en Jesús. Los estudiosos y las tradiciones lo valoran de maneras distintas, pero los relatos sobre María no dependen solo de esa palabra: cuentan la historia directamente.
Pistas en el resto del Nuevo Testamento
El resto del Nuevo Testamento no vuelve a narrar el nacimiento, lo cual no sorprende, porque las cartas se escribieron para responder otras preguntas. Aun así, hay pequeños ecos. La genealogía de Lucas aclara que la gente daba por hecho que Jesús era hijo de José (Lucas 3:23). En Marcos, los vecinos de Jesús lo llaman hijo de María en lugar de mencionar a José, algo poco común en esa cultura (Marcos 6:3). Pablo dice que, cuando llegó el momento preciso, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer (Gálatas 4:4). Ninguno de estos detalles prueba por sí solo el nacimiento virginal, pero todos encajan bien con él.
¿Se puede comprobar un milagro así?
Con honestidad: no. Una concepción virginal no es el tipo de hecho que la historia puede confirmar o descartar; por su propia naturaleza fue algo íntimo, que al principio solo conocían María y José. Lo que sí se puede decir es que los primeros cristianos lo enseñaron pronto y en muchos lugares, que dos Evangelios independientes lo incluyen y que no era una idea cómoda de inventar: dejaba a María expuesta a sospechas, y algunos adversarios se burlaron de ella más tarde.
Para los cristianos, la pregunta depende al final de quién es Jesús. Si resucitó de entre los muertos, como estaban convencidos los primeros creyentes, un comienzo fuera de lo común no es difícil de aceptar. Si Dios puede resucitar a los muertos, también puede comenzar una vida de una manera nueva.
Por qué importa
El nacimiento virginal no es un detalle curioso pegado a la historia. Los cristianos ven en él varias verdades.
Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. Nació de una mujer real, con un cuerpo real y una familia real, y sin embargo su vida vino de Dios de un modo único. El Evangelio de Juan dice que la Palabra que estaba con Dios se hizo carne y vivió entre nosotros (Juan 1:1, Juan 1:14).
La salvación es iniciativa de Dios. La humanidad no produjo a su propio salvador. El nuevo comienzo llegó como regalo, igual que llega siempre la gracia.
Dios obra por medio de los humildes. Eligió a una muchacha común de un pueblo pequeño, no a una reina en un palacio. La confianza de María ha inspirado a creyentes desde entonces.
En qué difieren los cristianos
Casi todas las tradiciones cristianas, católicas, ortodoxas y protestantes, afirman el nacimiento virginal. La diferencia está en lo que pasó después. Los católicos y los ortodoxos, y también algunos protestantes, sostienen que María permaneció virgen toda su vida, y entienden a los «hermanos» de Jesús que mencionan los Evangelios como primos o como hijos de un matrimonio anterior de José. Muchos protestantes creen que María y José tuvieron otros hijos después del nacimiento de Jesús (Marcos 6:3).
También es común confundir el nacimiento virginal con la Inmaculada Concepción. Son enseñanzas distintas. La Inmaculada Concepción es una doctrina católica sobre la propia María, preservada del pecado desde el momento en que fue concebida; no se refiere al nacimiento de Jesús.
Una invitación sin presión
No necesitas resolver todas las preguntas antes de acercarte a Jesús. Muchas personas primero confiaron en él y con el tiempo llegaron a hacer suyos los credos. Si la historia de María hoy te parece demasiado para creer, puede ayudarte leer despacio los dos primeros capítulos de Lucas y preguntarte qué clase de Dios entraría al mundo así: en silencio, con humildad y cerca de los pobres.





