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Sobre este capítuloEl rey Acaz de Judá está aterrado porque Siria e Israel se han aliado contra él. Dios envía a Isaías, con su hijo Sear-Jasub, para decirle a Acaz que se calme y confíe, porque el plan no prosperará. Cuando Acaz se niega a pedir una señal, Isaías se la da de todos modos: una joven concebirá y dará a luz un hijo llamado Emanuel, Dios con nosotros, y antes de que crezca los dos reyes habrán desaparecido. Los cristianos ven esto cumplido en Jesús, mientras que muchos lectores judíos señalan a un niño de los días de Acaz. El capítulo termina advirtiendo de la devastación que traerá Asiria.

El rey Acaz de Judá está aterrado porque Siria e Israel se han aliado contra él. Dios envía a Isaías, con su hijo Sear-Jasub, para decirle a Acaz que se calme y confíe, porque el plan no prosperará. Cuando Acaz se niega a pedir una señal, Isaías se la da de todos modos: una joven concebirá y dará a luz un hijo llamado Emanuel, Dios con nosotros, y antes de que crezca los dos reyes habrán desaparecido. Los cristianos ven esto cumplido en Jesús, mientras que muchos lectores judíos señalan a un niño de los días de Acaz. El capítulo termina advirtiendo de la devastación que traerá Asiria.

Temas

  • Confiar en la crisis
  • La señal de Emanuel
  • Advertencia sobre Asiria

Versículos clave

Biblia en audio · Isaías 7

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Isaías 7

Nueva Biblia Viva23 versículos · 3 min de lectura

Nueva Biblia Viva © Biblica, Inc. — CC BY-SA 4.0

1Durante el reinado de Acaz, hijo de Jotán y nieto de Uzías, Jerusalén fue atacada por el rey Rezín de Siria y el rey Pecaj de Israel, hijo de Remalías. Pero no la tomaron, la ciudad resistió. 2Sin embargo, cuando a la corte real llegó la noticia, «Siria está aliada con Israel contra nosotros», el corazón del rey y de su pueblo tembló de miedo como las hojas del bosque se estremecen bajo la tormenta. 3El Señor le ordenó a Isaías: Ve al encuentro del rey Acaz en compañía de tu hijo Sear Yasub. Lo hallarás al final del acueducto que va de la fuente de Gihón al estanque de arriba, junto al camino que baja al campo del blanqueador. 4Dile que no se angustie más, dice el Señor. Dile que no tiene por qué asustarse de la furia de esos dos fracasados, Rezín y Pecaj. 5Sí, cierto, los reyes de Siria e Israel vienen contra él. Los enemigos dicen: 6«Invadiremos a Judá y llenaremos de pánico a su pueblo. Luego pelearemos hasta llegar a Jerusalén y pondremos por rey suyo al hijo de Tabel». 7Pero el Señor Dios dice: Este plan no triunfará, 8porque Damasco seguirá siendo capital sólo de Siria, y el reino de Rezín no extenderá sus fronteras. Y dentro de sesenta y cinco años también Efraín será aplastado y quebrantado. 9Samaria es la capital de Efraín solamente, y el poder del rey Pecaj no aumentará. ¿No me creen? Si quieren mi protección, tienen que aprender a creer lo que digo. 10No mucho después de esto, el Señor envió este otro mensaje al rey Acaz: 11Acaz, pídeme una señal para demostrarte que en realidad aplastaré a tus enemigos como lo tengo dicho. Pide lo que quieras que haga en cualquier lugar del globo terraqueo. 12Pero el rey se negó y dijo: ―¡Jamás importunaré al Señor con nada semejante! 13Entonces Isaías respondió: ―Oh casa de David, no te basta con agotarme la paciencia, ¡tienes que agotársela también a Dios! 14Bueno, el Señor mismo elegirá la señal: ¡Una joven dará a luz un niño! y ella le pondrá por nombre Emanuel (que significa “Dios está con nosotros”). 15Para cuando este niño sea destetado y pueda distinguir entre el bien y el mal, los dos reyes a quienes tanto temes —los reyes de Israel y Siria— habrán muerto. 17«Pero más adelante el Señor mandará terrible maldición sobre ti, tu nación y tu familia. Habrá tanto terror como nunca se vio desde la división del imperio de Salomón en los reinos de Israel y Judá. ¡El poderoso rey de Asiria vendrá con su gran ejército!». 18En aquel tiempo el Señor silbará llamando al ejército del Alto Egipto y al de Asiria, para que cual moscas desciendan sobre ti y te destruyan como si fueran abejas de aguijón mortal. 19Acudirán en hordas inmensas que se esparcirán por todo el país, hasta los valles desolados, las cuevas y los espinales, así como hacia toda la tierra fértil. 20En aquel día el Señor tomará esta «navaja», estos mercenarios asirios que contrataste para salvarte, y la usará para rasurarte de cuanto posees: tu tierra, tus cosechas y tu pueblo. 21Cuando finalmente dejen de saquear, toda la nación será sólo un pastizal. Y afortunado será el granjero a quien al menos le quede una vaca y dos ovejas. Pero los abundantes pastos producirán mucha leche y todos los que queden se alimentarán de leche cuajada y miel silvestre. 23En aquel tiempo los lozanos viñedos se convertirán en zarzales. 24Toda la tierra será un vasto espinar, coto de caza donde abunden los animales salvajes. 25Nadie irá a las fértiles laderas donde antes había huertos, pues estarán cubiertas de espinos. Vacas, ovejas y cabras pastarán allí.
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